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3 de julio de 2017

ENTRE EL ANTES Y EL DESPUÉS (ROAD TRIP BÉLGICA-ESPAÑA, CON PARADA EN FONTAINEBLEAU, FRANCIA)

Hay viajes en los que sabes habrá un antes y un después. Como si de alguna manera fuera un ecuador de tu vida.
Ahora que ya peino canas (desde hace unos años) intento vivir la vida sin prisa. He aprendido que no hay que tener prisa porque lleguen las cosas. El tiempo nunca se para y con paciencia se consigue todo.
Eso no quiere decir que dejo de intentar conseguir mis sueños, tan solo que me dejo llevar por la situación y sé que todo llegará a su debido tiempo, pero no dejo pasar la oportunidad porque también sé que muchas de ellas no volverán.

Es ahora, en este momento. Entre el antes y el después.

Este nuevo road trip en el que me he metido no es un viaje de escalada al uso. Es más bien una visita familiar que además es práctica.

Me explico un poco.
Me ofrecí para traerme un coche desde Bruselas, donde vive parte de mi familia, del que se querían deshacer, para darlo de baja en España. De paso, el vehículo lo llenaría de artículos que me regalaban y que ya no usaban, para el próximo gran cambio en mi vida.
El plan era sencillo: Iría en avión y volvería en coche.


Día 19 de junio
Como estaba previsto, cojo el vuelo a eso de las 10:30.
Con Ryanair que es lo más económico que encuentro y con una sola maleta en la que por supuesto van entre otras cosas unos pies de gato.
La última vez que viajé con ellos fue hace 5 años y no fue del todo bien. Veremos en esta ocasión qué tal.
En esta compañía solo dejan meter, en la cabina, hasta un número determinado de equipaje de mano. Tengo la “suerte” de que por tan solo dos personas me toque bajarlo a la bodega del avión.


Por suerte soy un tipo previsor y llevo una mochila plegada dentro de la maleta para poder meter lo imprescindible para el viaje de 2h30min hasta Bruselas.


El roaming ya está activo para toda Europa desde hace unos días y espero que me funcione para poder contactar al llegar y que me recojan.


No me funciona 😒

Aun así al final lo consigo y tras unos tensos minutos intentando recordar lo poco de francés que sé, llegan a recogerme.



Día 20 de junio
Este día lo pasamos de visita turística al Consejo Europeo, incluida la comida.

Aquí, esperando a que lleguen los malqueda de los presidentes y ministros

Allí además me encuentro de sorpresa con un amigo que trabaja por esto sitios! Casualidades?


Visita rápida pero eficiente.

 A lo Alain Robert…pero no me traje lo pies de gato que si no.


Día 21 de junio
Me despido de mi familia tras cargar el coche hasta los topes de esos artículos jugando al tetris con cada pieza y comienzo mi roda trip de dos días.


La primera parada oficial la quiero hacer en un lugar mítico a pesar de que me desvío unos 100km del recorrido que me llevaría más recto hasta España.

Fontainebleau…

No llevo colcho para las posibles caídas, pero en un lugar como este espero encontrar a gente que me deje caer en las suyas.

Sorry, Can I try the Boulder?

Con lo que no contaba es que justo en estos días estábamos en una ola de calor de esas históricas y no hay absolutamente nadie en la zona.

Un compañero de trabajo francés, cuando le dije que iba a pasar por allí y que solo tendría unas pocas horas para visitarlo me dijo que sin duda fuera al Elefante.

Aquí hay bloques chulísimos, cerca del coche y además muy altos

Con esas indicaciones hice una búsqueda en la internet y encontré un algo antiguo mapa de la situación del Elefante.


Para ello hay que llegar al pueblo de Larchant.


En este pueblo seguir los carteles que indican al Elefante.


Y en poco menos de 1km llegar al parquin que queda antes de la fuente que está a la derecha.


El mapa que llevo dice que está en más adelante de la fuente y a la izquierda, pero en realidad no es así, ya que parece que han hecho recientes cambios en la zona.

En la siguiente captura de GoogleMaps os marco donde está la zona del elefante.


Tras aparcar en el primer parquin que encuentro, según vengo del pueblo de Larchant, y apagar el aire acondicionado, salgo del coche y vuelvo a la realidad en lo que se refiere a temperatura.
El bochorno es brutal. Tanto es así que me viene flases de cuando vivía en Nicaragua.

Encima son las 15:35.

Con el mapa en la mano intento orientarme para llegar a donde reseña, pero enseguida descubro que la zona es muy boscosa, los caminos indefinidos y muy variados.

Decido subir a una pequeña colina por la que han colocado unas mallas y unos maderos para retener el arenoso terreno.

Resulta muy peculiar que el suelo es como si fuese arena de playa blanca.


Algo amortiguará una caída.

Ya en la colina y sudando por casi todos los poros, descubro abajo lo que he visto en varias fotos. El Elefante.


Sin mucho esperar dejo el agua y el resto de cosas a la sombra y me doy un rulo por la zona para decidirme qué bloques probaría en esta hora y media que disponía antes de seguir viaje hasta Burdeos, donde tenía hecha la reserva en un hotel, al que debía llegar antes de las 23:00.

Mi intención es encontrar también un bloque muy famoso con un agarre en forma de corazón, pero no lo encuentro en este sector por lo que deduzco estará en otro sitio.

Decido no perder más tiempo y dedicar lo que me queda en escalar algunos.

Finalmente pruebo cinco bloques.


Todos son una maravilla y es que el lugar es mágico y el mono se activa a tope a pesar del tremendo calor reinante


No llevo magnesio y me doy algún que otro resbalón sin consecuencias.

El último que pruebo el mejor. Sencillo, alto y algo desplomado.

Sin GoPro

Le llaman el Grullere y está en el sector La Dalle á Poly.

Con GoPro

Precioso.

El tiempo no se para.

Cuando me quiero dar cuenta son las 17:45.

Tardo 5h40min en llegar a Burdeos, por lo que voy muy justo.

Recojo, me voy al coche, me cambio de camiseta para no helarme con el aire acondicionado y salgo pitando, no literalmente, hacia Burdeos.

Llevo un TOMTOM que me ha dejado mi chica Oriana, pero que hace tiempo no se actualiza y en un momento dado del viaje me hace salirme de una autopista y llevarme 30km en dirección contraria hasta que me doy cuenta.


Estos 60km hacen que el TOMTOM me avise de que voy a llegar a más de las doce de la noche.

Decido parar a cenar y aprovecho para llamar por teléfono al alojamiento.
Elegí uno que hablasen español, pero justo la persona que lo coge no lo habla. Aun así llegamos a entendernos.

No problema. Esperamos te.

Los kilómetros pasan y el cansancio es acuciante, pero consigo estar despejado gracias que encuentro por fin una emisora en la que ponen música que conozco, y canto como un loco hasta llegar a la salida donde está el hotel Formules Club.

Son las 00:50 y la misma persona que me abre la puerta para que aparque el coche (tiene parquin privado) es con la que he hablado por teléfono.

Ducha y a dormir. No doy para más.


Día 22 de junio
Decido no levantarme pronto. De hecho los hago a las 10:00 para llegar a última hora del desayuno que termina a y media.


Necesitaba dormir al menos 8h.

Lo que queda de viaje me lo tomo con más calma y hasta me planteo parar en alguna otra zona de escalada de bloque.

Pocas horas después (3h) estoy en España y el hambre ataca, sobre todo porque el desayuno, habían sido solo azucares.

Decido esperar una hora más y tirar mientras de los frutos secos y barritas que me quedan hasta llegar a Guipúzcoa. Concretamente al peculiar pueblo de Bergara.


Tras aparcar, pregunto a los locales un buen lugar para comer en condiciones.

El Bodegón - me asegura una bergaresa – Aquí mismo.

En un momento tengo las lentejas y el vino con casera en la mesa.


Me animo a echarme un culín de vino y llenar el resto de casera.

La botella está cerrada y es de rosca.
La intento abrir y no puedo ¿?

Me levanto entro en al bar y aviso al camarero para que me deje un trapo seco para abrirla…la coge y con dos dedos la abre.

¡Uy que blandooo! – Escucho decir a alguno de los comensales que hay sentados dentro – ¡Ay va con los jóvenes de hoy!

Decido sonreír (sobre todo por lo de joven a mis casi 44 años) encogerme de hombros y no dar explicaciones de que tengo las manos agarrotadas de tanto sujetar el volante y ayer blocar a muerte en Fontainebleau.

Me gustaría echarme una siesta después de las lentejas, pero quería llegar a Madrid con luz y no debía entretenerme si quería demás conocer la zona de Santa Gadea.

Poco tiempo después llego a Pancorbo. Donde estuve con Yago escalado hace unas pocas semanas.


Aquí según he visto en el recorrido está muy cerca Santa Gadea del Cid.

Pero oh sorpresa, este Santa Gadea no es el del bloque, el del bloque está más arriba a casi 2h de coche y se llama Santa Gadea del Alfoz.

Algo desilusionado me monto de nuevo en el coche y continuo camino con la mente ya puesta en llegar a casa.

Unas pocas horas después y unos cientos de kilómetros más tarde, paro en la gasolinera de la La Cabrera donde las siluetas de las montañas ya me son familiares.


Una hora después por fin estoy en casa.

Saco los artículos varios del coche, ceno, me ducho y me acuesto sin más. Mañana toca trabajar.

14 de noviembre de 2016

DET FINNES IKKE DÅRLIG VÆR, BARE DÅRLIGE KLÆR. TRONDHEIM, DOMBÁS, NORUEGA Y ÅRE, VÄLABERGET, SUECIA (3)

Al llegar al túnel vemos que pone que es de peaje, pero no vemos ninguna barrera ni caseta donde pagar, así que nos metemos en el túnel y esperamos que al otro lado haya alguna barrera donde parar, meter la tarjeta y pagar lo que cueste, pero cuando llegamos al otro lado, el túnel se acaba y no hay nada ¿?


O eso pensamos ya que la noche es cerrada y nuestros ojos y cuerpo están cansados de tanto coche.

Esperamos que el precio de la multa no sea muy alto…

Ya con la mente solo puesta en buscar un sitio donde aparcar antes de que las heladas, que comienzan a helar la carretera, empiecen a darnos sustos.

Tras varias vueltas finalmente nos alojamos en un apartadero de la carretera junto a un lago enorme llamado Kattfjordvatnet de la zona de Kvaloya.


Tras el ritual del montaje de la carpa, por penúltima vez, para preparar la comida y cenar, nos vamos raudos a dormir para madrugar al día siguiente. Para mañana teníamos aun media hora de viaje hasta la empresa de Artics Campers, luego ir al aeropuerto, para ir a Trondheim, coger el nuevo coche de alquiler y finalmente ir al alojamiento que habíamos reservado para esa noche en Suecia.

Pero eso ya sería mañana.


Día 19
Amanece despejado, pero por alguna razón la escarcha ha desaparecido. Hace menos frío.
De nuevo ritual del montaje, desayuno, desmontaje y salimos pitando (no literalmente) hacia Tromso.

Tras pasar el puente voladizo de Sandnessund, que conecta Kvaloya con Tromso, pasamos el aeropuerto y llegamos a Arctic Campers.

Allí le contamos lo del peaje y nos cuenta que los peajes aquí no se pagan en el momento, sino que tiene un sistema para leer la matrícula y luego te pasan el cargo por cuenta bancaria.

Cuanto nos queda por aprender de los Noruegos.

Tras dejar el coche y despedirnos, nos montamos en el taxi que nos ha llamado para ir al aeropuerto.

Mientras esperamos aprovechamos para comer algo ya que no sabemos cuándo tendremos tiempo luego.

Sí, es un bocadillo de gambas :P

Tengo la sensación de que me dejo algo – Confiesa Ori

El avión sale a su hora.


Con parada en Bodo.


Para por fin llegar al aeropuerto de Trondheim.


Donde tenemos esperando nuestro siguiente vehículo para los próximos días.


Un Skoda Fabia, de gasolina, que personalmente me gusta su conducción salvo por el poco espacio que hay para la pierna derecha que hace que termine por molestarte el tenerla apoyada en ese lado.

Y eso qué es – le digo a Ori señalando un extraño cepillo rojo con lo que parece un rascador en un extremo.
No sé – dice – Igual es que se lo han dejado al limpiar el coche.

Tras salir del aeropuerto y hacer una parada para comprar algo de comida para la noche y el desayuno, nos vamos hacia la región de Åre, en Suecia, donde tenemos el alojamiento contratado.

Resulta curioso ver que, al pasar a Suecia, las señales de renos desaparecen y son sustituidas por estas de señores o señoras montadas en motos de nieve.


Tras las 2h llegamos al pueblo, concretamente a Udersaker.

La casita es una monada.


Rustica, pero con todas las comodidades.


Una pena que no nos quedemos más que esta noche.



Día 20
Desde este día, hasta el día 23, Ori tenía una actividad para ella que había preparado Emilie Forsberg. Si la novia de Kilian Jornet.


La actividad consiste en clases de Yoga y de técnica de carrera.
Y todo se desarrolla en un impresionante hotel de 5 estrellas en el que yo solo tengo pagado el alojamiento y el desayuno. La cena no, pero la pagaré a parte. Y la comida, pues ya se sabe, parte del desayuno ;)
Concretamente en el hotel Copperhill de la estación de esquí de Åre.


Esta foto de abajo está sacada desde la segunda planta y puede apreciarse lo brutal de grande que es el lobby.


Como no podía ser de otra manera, en la biblioteca tiene un libro de su grupo de música más famoso.


Tras alojarnos Ori se baja a la presentación de la actividad y yo aprovecho para pasar las fotos de las cámaras, mientras como lo que queda de nuestra comida ya que tenemos la suerte de disponer de nevera en la habitación.


Durante la cena contacto con algunas/os de las/os organizadores y profesoras/es las/os cuales me indican que hay un sitio muy cerca para escalar, a tan solo unos pocos km.
Gracias a San Googlemaps, me lo indican en el mapa con el móvil y con eso, mañana, a la aventura.


Día 21
El día amanece frío, húmedo y con niebla.
Por lo menos no llueve, ni nieva.

Hay que ser positivo, pero cierto es que hace un frío de esos que no te apetece ponerte los pies de gato porque sabes que luego ya no calentarás lo pies en todo el día.

Aun así el mono está latente desde hace varios días, por lo que me animo a probar suerte.

La idea es coger un desvio, de tierra, a la derecha, pero todos son iguales y ya me habían avisado que no había ningún cartel que indicase nada, por lo que era cuestión de probar suerte.


Recordar que no disponía de Internet fuera del hotel, por lo que gracias a las capturas de pantalla que hice finalmente lo encontré.


Por si te quieres acercar al sitio, querido/a lector/a, este es el punto en concreto donde tienes que aparcar.


La referencia es una antena que asoma entre los árboles y es poco después de pasar un puente.


Tras aparcar caminas por una evidente senda durante unos 15min, y si no te sales de ella te lleva justo a la zona de bloque primero y luego a las vías de escalada.

La zona está en ese frondoso bosque que se ve a la dereha del camino

El lugar es magnífico.


Una pequeña isla de roca rodeada de cerrado bosque, de un, creo, granito de excelente calidad que me recuerda a Yosemite, por la falta de adherencia.


Tras recorrerlo entero, cuento una veintena de vías equipadas y de cacharreo, con unos 12m de alto y de grado variado.


Una pena no disponer de mi Soloist, una cuerda, un arnés, un casco…pero solo dispongo de los pies de gato, por lo que me animo a probar varios de los bloques más bajos, ya que no dispongo tampoco de colchoneta, no hay nadie y no creo que ningún loco se acerque con la humedad y temperatura que hace.


Todos los bloques los pruebo con las botas, pero son las que le puse una suela Dotty de Fiveten, es decir, como la del pie de gato, por lo que similar adherencia, aunque con mucha menos precisión como es lógico.


Los bloques son buenísimos.


Y disfruto cada uno de ellos.


Aunque el miedo a que me lesione por caer mal hace que no me atreva a subir muy alto.

[Ya en España, con más tiempo, he encontrado esta web dónde salen los croquis de la zona, a la que llaman Välaberget.]

Cuando el frio se ha comido ya mi calor corporal, decido dar el día por terminado y regreso al hotel.

También tengo incluido el Spa y aprovecho el tiempo de descanso de Ori para irnos juntos a ponernos en remojo.


Día 22
Este día lo pasaría entero fuera.
El motivo es que tras buscar mucho por la Internet, el rocódromo más interesante, y que mereciese la pena ir, estaba a algo más de 2h de coche desde el hotel Copperhill, cruzando de Suecia a Noruega, hasta llegar a la ciudad de Trondheim.

Eso es motivación y lo demás tonterías.

Durante el viaje tengo la oportunidad, por primera vez de ver señales de tráfico indicando que puedes ir a 90km/h.
Esto parece ser el máximo que hay en las autopistas, de peaje, de Noruega.

Gracias al GPS del coche, llego sin problemas al rocódromo de Trondheim Klatresenter.


Cuando aparco en la puerta, veo que hay una señal que indica algo que no entiendo.

Min norsk er ikke bra.(Mi Noruego no es muy bueno :P)

Cuando entro y pago la entrada, en mi mal inglés pregunto por el cartel de fuera y su significado. Por lo que entiendo, es un parking privado del rocódromo y está incluido en el precio. 100 coronas noruegas, que viene a ser unos 11€.

El rocódromo está genial.


Es enorme.


En realidad, como en casi todos los rocódromos de países donde la climatología es adversa.


Los bloques que tienen son divertidos y variados.


Y aquí me tiro hasta que dan las 17:30, momento en el que decido irme ya que al salir esta mañana de Åre el coche tenía una fina capa de nieve, y no sé lo que me voy a encontrar en la carretera.


Hacerse 2h y pico de coche, yendo a una media de 75km/h, de noche, y tras una sesión fanática de rocódromo, de más 5horas y media, es cuanto menos cansado y si a eso le añadimos que tan solo he comido un pequeño bocadillo, hacemos una combinación perfecta para que el viaje sea un suplicio.

Por suerte está nublado y no hay heladas.

Otra cosa buena es que veo un zorro ártico cruzando la carretera…lo malo es que él no me ve a mi y casi lo atropello.

¡Uy!

Cuando llego al Copperhill me voy directamente a la habitación para arramplar con lo que queda en la nevera de comida y luego a sobar.


Día 23
Este día Orí tenía la última actividad, pero había que dejar la habitación a las 11:00 porque el hotel cerraba. Sí, cerraba. No me preguntéis por qué, pero supongo que cerraban la temporada hasta que comenzase la de invierno.


No obstante, parecía que no faltaba mucho ya que hoy nevaba, no copiosamente, pero si lo suficiente para haber cubierto la carretera y gran parte del camino.

En mi caso me había animado a conocer los alrededores del hotel en el que hay varios recorridos de diferentes dificultades.


Luego tras terminar ambos, nos ducharíamos en el Spa, tras usarlo claro. Y de ahí ya para el coche y para el siguiente destino.


Pero el día amanece con mucha niebla y decido darme un corto paseo de un par de horas siguiendo las diferentes pistas de esquí que encuentro.


Después de la ducha y el Spa y ya con todo en el coche, nos disponemos a salir junto con una chica de la actividad a la que vamos a bajar a Åre, donde ha quedado con unos amigos, cuando descubro que el parabrisas está con una capa de hielo brutal.


Ahora entiendo para lo que es el cepillo rojo con el rascador.

Y es que si no es con este bicho no quitas ese hielo del cristal. Olvídate de intentarlo con una tarjeta de plástico.

De nuevo en la carreta, y tras dejar a la chica en Åre, cogemos dirección Trondheim, para luego dirigirnos hacia Furuhaugli, lugar donde teníamos el alojamiento para los dos últimos días del viaje.

Algo más de 7h de conducción, lenta, por carreteras comarcales, pero con preciosas vistas.

Hacemos parada para comprar y nos quedamos alucinados al comprobar que no venden alcohol de más de 3º y el que venden, como es a volumen, las botellas están solo con el culo!


También coincidimos con un par de alces que está cerca de la carretera. Esta vez soy yo quién me acerco a fotografiarlos hasta que salen huyendo.


Cuando la noche ya se cierne sobre las estepas, por fin llegamos a Furuhagili, que es un camping con casitas de madera de diferentes tamaños.


La paliza del día es considerable por lo que cena y a la cama, que mañana tenemos intención de ver los famosos bueyes almizcleros.


Día 24
Amanece un día con mucha niebla en la zona a la que vamos y muy frio.


Las esperanzas de encontrarlos son casi nulas, pero de lo único que hay que arrepentirse es de no haberlo intentado.

Para ello salimos del camping buscando el parque nacional de Dovrefjell, donde al parecen están los pocos que quedan en la zona.


Dadas las condiciones meteorológicas que gobiernas la zona decidimos llegar a lo que llaman viewpoint snøhetta, que es una especie de refugio no guardado que tiene una chimenea colgada y unas cristaleras enormes para poder ver el paisaje.


El lugar es inhóspito, pero de verdad. No se ve animal alguno y el frio y hielo lo cubre todo.

Pero a su modo es un lugar bello.

Cuando llegamos al parking descubrimos que tan solo un coche y nosotros estamos en la zona.

Ori aprovechando su inglés se lia a leer los carteles que hay en la zona.


Yo mientras investigo un poco por la zona, cuando de repente descubro que a lo lejos se aprecia una figura que puede ser un buey!

Casi donde se cierra la niebla, a la izquierda del camino, se puede apreciar

Luego me doy cuenta de que en realidad es solo una silueta de metal, con su forma, usado como muestra de la distancia a la que hay que estar si ves uno.

Lo que falata aquí, está alli ;)

Caminamos casi sin ver nada, salvo algunos momentos en el que el viento disipa un poco la niebla.


Despuñes de una media hora de camino llegamos al viewpoint snøhetta.


Allí hay una chica, sola, que está dibujando en un cuaderno.


Aprovechamos el refugio para comer lo que hemos traído y disfrutar de las espectaculares vistas que ofrece el lugar.


Poco después llegan tres italianos, vestidos para la ocasión, pero no para este medio.

No nos entretenemos mucho más y salimos de nuevo, casi corriendo, hacia el calor del coche.

Este día ya habíamos terminado con la actividad.


Tocaba refugiarse en la casita del camping.


Zamparse varios capítulos de Juego de Tronos hasta que nos fueramos a la cama.


No sin antes tomarme una cerveza de 2,8º!!!  :O



Día 25
Este sería de nuevo un día largo.
Teníamos que conducir 7h hasta Trondheim donde teníamos el vuelo de regreso, dejar el coche, coger el avión hasta Oslo, luego hasta Madrid.

Pero no fue un viaje sin tensión ya que cuando llegamos a Trondehim, resulta que están de obras y hay una caravana del carajo que nos hace dudar de si llegaremos a coger el avión.

Continuará…







¡Qué no, que es broma! XD

Pasados varios desvíos que nos hace hacer las obras, por fin llegamos al aeropuerto. Por suerte habíamos salido del camping con un par de horas de sobra para imprevistos.


Nos da tiempo hasta a tomarnos un café tranquilamente.


Luego embarcamos.


Volamos.


Y llegamos a Madrid con la mente tan llena de experiencias como nuestro abultado equipaje.