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3 de septiembre de 2009

EL CANCHO DE LOS MUERTOS (CUENTA LA LEYENDA...)

Mierlo sabe que le quedan pocos minutos en este mundo tras la brutal paliza que acaba de recibir de sus atacantes mientras se retuerce de dolor notando que la sangre se le acumula en la garganta que le obliga a escupir para poder seguir respirando.

-. ¡Marchemos de aquí muchachos, este pobre desgraciado no lleva encima recompensa alguna! – Les escucha decir mientras con el ojo por el aun ve, observa que se alejan medio corriendo mientras el último se cuelga uno de los corderos recién paridos.

Su fiel perro pastor gime a su lado nervioso mientras le lame la cara en señal de intento de cura, pero no consiguiendo más que Mierlo se sienta aun peor.



Entre toses y gruñidos finalmente su cuerpo se encoje hasta quedar en posición fetal.

Es entonces cuando nota algo de alivio y esa tranquilidad hace que comience a recordar como ha llegado a esta situación sin pretenderlo.

3 días antes…


Como cada día, Mierlo se disponía a llevar a su pequeño rebaño por las laderas cercanas a cantocochino, cuando de repente algo distrae a Yako, su perro pastor, que sale corriendo y ladrando hacia unas jaras en la parte alta de la ladera que hay en frente.

-. Yako! Me cagüen la cuna que te arrulló!

Al poco el perro deja de ladrar pero no sale de las jaras, viendose Mierlo obligado a ir a por él.
Tras las jaras, sorprendido encuentra a una bella joven como dios la trajo al mundo.



-. Pero muchacha, que te ha pasado? – Le dice mientras se quita su cayado para cubrirla sus partes nobles.
-. ¡No me haga daño, por favor! – contesta la chica tirándose al suelo mientras tiembla débil y frágil como una brizna de hierva mecida por el viento.
-. Tranquila, tranquila…no es mi intención. Ven conmigo, tengo agua y comida más adelante escondida entre unas piedras.

Mierlo es la clásica persona que desprende sinceridad, tranquilidad y confianza tan solo con hablar, aunque su léxico sea torpe y muy rural, por lo que la chica se tranquiliza y le acompaña sin mediar más palabras.

Tras darle de comer y beber, la muchacha le explica lo ocurrido y de quien se trata.
Al parecer fue secuestrada por unos bandidos que se alojaban en las inmediaciones de unos riscos que hay a la vista desde cantocochino si se mira al Sur.



El jefe de la banda la quería para él como mujer, pero los dos a quien dejaron a cargo a la muchacha mientras él descendía al pueblo de Manzanares para sus quehaceres cotidianos de extorsión, se disputaron mediante rifa los beneficios de ella hasta que uno ganó. Pero el otro, al descubrir la trampa en el sorteo, le atestó una certera puñalada en el pecho dándole muerte al instante.
Con las manos aun manchadas de sangre y la mirada pedida, se abalanzó sobre la joven con insanas intenciones.
Justo en ese momento el caballo del jefe relinchó mientras saltaba este para caer sobre el mancillador, que golpeo con fuerza hasta casi dejar sin sentido.

Luego cogió a ambos, muerto y medio muerto y los subió con sus propias manos hasta lo alto de risco que gobernaba el lugar como gran monolito, pretendiendo lanzarlos para darles finiquito, con tan mala suerte que el medio muerto agarróle el pantalón de pana, consiguiendo hacer caer a los tres.
Luego vagó por los parajes durante la noche y parte del día hasta que la encontró él.

Acongojado por la terrible historia, acompaña a la muchacha al pueblo de Manzanares de donde es y luego a su casa.
Allí los padres le agradecen en suma la ayuda, sobre todo por darla ya por muerta tras tres días desaparecida y obligándole a pasar al día siguiente para recompensarle de alguna forma.

Accede a la propuesta y al día siguiente a la hora del almuerzo aparece dispuesto a recibir la supuesta generosa oferta de los padres de la joven.

La noticias del pastor salvador de la joven más guapa y solicita del pueblo corre como la pólvora llegando a oídos de todos.

Tras el generoso almuerzo, los padres le ofrecen la mano de la mucha, cosa que Mierlo, no gusta, ya que su idea de la recompensa era más material viendo lo espectacular de su casa y saliendo de esta decepcionado diciendo que se lo pensaría.

Mierlo no es que fuese materialista, pero ya tenía novia formal desde hacia años y aunque quizás no fuese tan bien agraciada como la muchacha, la quería.

Marchóse a su casa tranquilo pensando que tan sólo iba a ser una historia que pronto olvidarían todos, pero que equivocado estaba.

Al día siguiente de nuevo, como cada día, realiza el mismo trayecto con su rebaño y su perro Yako que nota más intranquilo de lo normal.

De repente el perro empieza a ladrar a su espalda, Mierlo se da la vuelta y comprueba que hay varios hombres con navaja en mano que poco a poco le terminan por rodear.
Uno de ellos hace ademán de pinchar al Yako pero este ágil escapa de su agresor ladrando mientras aleja a las ovejas para protegerlas de los malhechores.

-. Vamos pastocillo, enséñanos la bolsa, sabemos que los ricos te han recompensado por salvar a la preciosa muchacha. – le increpan mientas blande la navaja el que más cerca está de él.

-. No me dieron nada, tan solo la mano de la joven en premio – Dice sabedor de que sus palabras aunque sinceras no creerán en absoluto.

-. Tu decides pastorcillo; la bolsa o la vida – reitera amenazando con la gran navaja mientras se la pasa de mano en mano.

Mierlo sabedor que de que no le creen, sólo tiene una opción y es atacar sorprendiendo al navajero.

Con una certera patada, le quita la navaja de la mano y este corre a recogerla dejando un hueco en el círculo por el que Mierlo aprovecha para intentar escapar, pero son muchos los que allí están y una diestra zancadilla le hace besar el suelo, mientras el resto comienza a darle patadas en suelo.

¡Aaaaaagggh!

-. Triste muerte la mía Yako – Consigue decir al perro que ahora parece escuchar atento sus palabras mientras los dolores vuelven – Por salvar a una joven de su fatídico destino, el mío truncado y finiquitado. Espero que al menos mi muerte haya servido para que esta joven viva felices años con el joven que tenga la suerte de elegir.




N. del A.: ¿Quieres saber qué es "Cuenta la Leyenda..."?

4 de febrero de 2009

LA BANDA DE PACO EL SASTRE (CUENTA LA LEYENDA...)

Como cualquier viernes, Manuel se levantaba más contento que otros días ya que este era el del comienzo del fin de semana y tras las tediosas clases, vendría el carruaje habitual para llevarle a él y a su hermano Paco, a la finca que tenía su padre en Valdemoro.

Lo que Manuel no sabía es que este viernes iba a ser diferente a otros tantos.

El calor ya era latente, siendo Mayo y las clases cada vez le resultaban más pesadas, pero tenía la suerte de estar cerca de una ventana y a veces se perdía en el movimiento de las ramas de los árboles, hasta que el prior, entraba en la clase para avisar de que ya estaba el carruaje en la puerta esperando a ambos hermanos.



Curiosamente hoy el carruaje se había adelantado unos minutos, cosa que agradecían en suma.
Corriendo, casi perdiendo el contacto con el suelo en las empinadas escaleras. entran en el carruaje que ya les espera con la puerta abierta, de un salto, el prior, con algún cocido de más en su ancho cuerpo, suda la gota gorda para llegar a la puerta, para poder comprobar que motaban en el, como le había prometido a su padre el Marqués de Gaviria haría.



Tras un acalorado recorrido, cuando por fin llega a la calle sin poder mediar palabra, solo puede ver como el carruaje corre por la adoquinada calle de Hortaleza.

Resoplando, apoyado en el quicio de la puerta, comprueba extrañado que el carruaje gira a la izquierda al final de la calle, en vez de a la derecha como era menester.

Dubitativo por no saber si informar de este hecho al Marqués, decide librarse de culpa, acercándose a su casa.

De camino, decide parar en la tasca, para tomarse un refrigerio antes de continuar camino.
En esta, mientras se sienta en busca de su pañuelo para secarse el sudor, escucha en la mesa de al lado, a dos hombres de charla animada.

- Qué si te digo, que el Paco el Sastre se ha escapado de la cárcel – Increpa el más mayor al joven mientras le golpea amistosamente con el anverso de la mano el pecho.
- No puede ser, no te creo! La cárcel del Saladero tiene unos muros enormes! ¿Cómo van a poder salir de allí? Es imposible! – Responde negando con cabeza y mano.




Mientras, Manuel y su hermano juegan en el interior de carruaje haciendose cosquillas uno a otro.

- ¡Déjame Paco que me vas a matar de risa! Jajajaja
- ¡Nooo, te reirás y reirás hasta que se te salga la lengua entera! jajajaja

De repente, el carruaje se detiene casi en seco y el conductor se gira bruscamente.

- ¡Como no os calléis yo si que os voy a cortar la lengua!

Sorprendidos los niños callan de inmediato, hasta que Paco, no puede evitar sacar su rabia adolescente.

- ¡Pues cuando lleguemos a la finca le voy a decir a mi padre lo que nos has dicho!
- ¡Mira niño, hoy no vas a ver a tu padre! – Dice mostrando una gran navaja bajo su poco lavada camisa.

Paco, al verla, empieza a entender lo que está pasando.



Manuel no puede evitar intentar saltar del carruaje, pero en poco tiempo este coge velocidad y se hace muy peligroso el apeo.

En estas están, cuando el prior llega a la casa del Marqués donde este sale extrañado de su visita.

- Qué ocurre? Como tan apurado llega prior?
- ¡Ay señor marqués, que creo que sus hijos no han ido a la finca de Valdemoro!

Justo en ese momento, llega el carruaje que había enviado el Marqués a sus hijos, bajándose el conductor y explicando que, al llegar vio que tardaban en bajar y subió a preguntar, allí le dijeron que los niños ya habían salido en otro carruaje.

Los habían secuestrado.

El Marqués de Gaviria, persona inmensamente rica había sido objeto de secuestro, pero lo que no sabían los secuestradores es que este también estaba caracterizado por una increíble persistencia y más si se trataba de su sangre.

Puso en su búsqueda a toda su gente sin resultado inmediato, hasta que al día siguiente llego una mala nueva, con carta y mensajero en forma de pastor del pueblo de Manzanares, quien al parecer se encontró con Paco el Sastre y le entregó esta.
En ella pedían la nada despreciable suma de 3000 onzas de oro por la vida de los niños.

No tardó el Marqués, en imaginar que estos estaban en las inmediaciones La Pedriza, por lo que puso su interés y esfuerzo en este lugar para que fueran buscados allí.
Para acelerar la búsqueda el Marqués ofreció una recompensa a quien encontrase a los niños y diera cuenta de los bandidos.
El rumor sobre esta, no tardo en inundar el pueblo y sus alrededores, consiguiendo que mucha gente, se apuntase al suculento premio.

Pasaron varios días de activa búsqueda y mientras Manuel y Paco, habían conocido más a fondo a sus secuestradores y estos a ellos, consiguiendo cierta empatía unos por otros y que ya no se sintieran tan mal en su compañía.

Algunos dicen que el lugar donde estos tenían el campamento tiene algo de mágico y que estar cerca de él hace a la gente mejor.
Un lugar diferente y único en La Pedriza que no se sabe muy bien de donde o como llegó hasta allí. Esta roca la llaman El Tolmo.



Estando una tarde, aun con luz, mientras Paco el Sastre enseña a Manuel el arte de manejar la navaja, las voces de algunos cazarecompensas pone en alerta a Paco el Sastre y su banda, haciendo que huyan dejando a los niños en el campamento que tenían bajo la gran piedra, despidiéndose, con dos regalos a Manuel, su impresionante navaja y una sonrisa.

Un año después, Paco ya casi ha olvidado lo sucedido, pero Manuel, no y aun guarda la navaja de El Sastre bajo el colchón y de vez en cuando saca para observarla y acordarse de lo aprendido.

Esa misma tarde, el padre les informa de que han cogido a Paco el Sastre, le iba a ejecutar en el patíbulo de los Pontones cerca de la Pureta de Toledo y que irían a verlo.

Manuel, a pesar de estar bastante lejos del condenado, intenta con este contactar con la mirada, antes de que sea ejecutado para devolverle la sonrisa y enseñarle la navaja que se ha llevado escondida bajo la camisa.



Pero El Sastre está cabizbajo y no levanta la mirada.
Finalmente, Manuel no puede reprimirse y le llama con una voz ante la sorpresa de su hermano y padre.

- Sastreee, aquíii…Soy Manuel, me recuerdas?


Paco El Sastre, levanta la mirada y estira el cuello buscando con los ojos el lugar de donde provenía la voz.
Por fin coinciden y ambos sonríen, haciéndose cómplices por un momento antes de la despedida final.


N. del A.: ¿Quieres saber qué es "Cuenta la Leyenda..."?

9 de julio de 2008

HISTORIA DEL CABRERO BAUTISTA MONTALVO (CUENTA LA LEYENDA...)

Cuenta la leyenda, que Bautista Montalvo se adentro con sus mejores galas en las calles del Rastro de Madrid, buscando una buena prenda para pasar el frío invierno del pueblo de Mataelpino donde residía.



En una de sus calles, una encorvada señora le sale al paso, y le coge del brazo arrastrándole, a su oscura tienda.



Asustado, Bautista, se desprende de ella haciéndola tambalear, hasta darse con una vitrina de cristal que casi rompe con su hombro.

-. Señor, apiádese de mi!!! - Le dice la señora mientras se arrodilla ante él y le agarra el pantalón de gruesa pana - ¡No me llega el dinero que gano en la tienda más que para un poco de pan y algunas alubias. Mi familia desespera por el hambre y mi marido no puede valerse por si mismo desde que le atropelló aquel maldito carruaje!
-. Por favor - Contesta Bautista mientras le agarra de los brazos y la iza - Levántese del suelo, no soy ningún gran Señor, tan sólo soy cabrero y poco puedo hacer por ayudarla.

-. Cómpreme algo de las antigüedades que vendo - Le dice con una reverencia mientras pasea la mano por la estancia ofreciéndole lo que hay.

-. Bien...veamos que puedes tener que me interese - Responde mientras pasea con las manos cruzadas a la espalda, por la pequeña tienda - Ando buscando una buena prenda para guarecerme de los fríos inviernos y lluvias.

-. Ropa Señor? No vendo ropas...sólo vendo objetos antiguos, muebles y vajillas...pero ropas no.

Como si no la escuchase, Bautista se pasea por la tienda observando lo que hay en ella, hasta que descubre una puerta entreabierta que empuja para ver su interior. Allí, al fondo de la oscura habitación se vislumbra un baúl con un grueso candado cerrado.



-. Y aquel baúl? - Pregunta intrigado Bautista señalando con la cabeza.
-. Señor, ese baúl está ahí de mucho antes de que yo tomase en alquiler el local - Comenta la tendera mientras se acerca a su oreja y le cuenta en voz susurrante - Desconozco que hay en su interior, pero el anterior inquilino me aseguró que estaba maldito y que jamás lo abriera...ni si quiera me he atrevido a moverlo de su sitio por si la maldad de su interior me afectaba.

-. Paparruchas - Responde con una sonrisa Bautista - y que contiene?

-. No debería decírselo - Suspira la anciana mientras se sienta en una vieja silla de oscuro mimbre - pero le veo tan interesado que se lo contaré - continua mientras se pasa una mano por su áspera cara - Al parecer contiene las pertenencias de un brujo que quemaron en la hoguera hace ya mucho tiempo. Se dice que sus ropas estaban malditas y que aquel que las poseyese se llevaría consigo esa maldición. El alquiler del local es tan barato precisamente por eso, ya que al igual que el baúl, el local era la casa de este brujo...no me pregunte el nombre, lo desconozco, pero imagino que después de conocer la historias no deseará si quiera acercarse a él.

Por alguna razón el baúl le produce un interés soberbio que no puede reprimir y la curiosidad crece como si de alguna manera sintiera que debe llevárselo con él.

Bautista siempre había sido muy escéptico y no creía en aquellas historias de viejas...así que le hizo una oferta por el misterioso baúl del brujo.

- . ¡Le doy 10 pesetas por él! - le suelta mientras le enseña el dinero en un trozo de cuero troquelado y pasado con un cordón que hace de bolsa.

La anciana, sorprendida, no duda en coger el dinero, sabiendo que con ello podría alimentar a sus hijos y marido durante mucho tiempo.

Bautista da la espalda a la señora y agarra el baúl por sus asas laterales para ponérselo al hombro.

-. ¡Espere Señor! - Le increpar la anciana antes de que salga por la puerta - No puedo dejarle ir sin decirle que debe saber que se lo habría regalado si me lo hubiera pedido. No sabe le peso que me quita de encima.

Bautista le ofrece su mejor sonrisa y sale de la tienda en busca de un carruaje que le pueda acercar al tren para regresar a su casa.
Mientras espera, se da la vuelta para ver de nuevo la extraña tienda de la que ha salido y que aun tiene a la vista...sorprendido, comprueba que hay una persona saliendo de ella llevando consigo algo entre las manos y que otra entra seguida, para también seguramente adquirir algo.

Vaya, parece que la señora está teniendo suerte hoy - Piensa Bautista.

Ya en casa no puede esperar a mañana para ver el contenido de su compra y usa una maza para romper el candado que no se resiste más que a dos golpes.

Al abrirlo, un olor a humedad invade sus narices haciéndole toser.

Acerca el candil y descubre lo que contiene, al meter la mano y tirar de ello.

Una fantástica capa de un material que desconoce, pero que por su suavidad y peso piensa que puede ser de un animal.



Se la pone a los hombros y tiene de repente una extraña sensación de bienestar. Una sensación que le hace sonreír, sentirse muy bien...demasiado bien. Tanto que hasta se asusta y decide quitársela...

-. ¡Dios mío! que cosa más rara!

Bajo la pesada capa, hay un extraño objeto con forma de rombo y afilados vértices. Parece de metal, de un metal dorado..Oro? quizás.

Lo saca y observa que dispone de unas marcas que parecen ser las que los dedos dejan en la masa del pan tras presionarla.
Coloca su mano derecha sobre estas muescas y al hacerlo, sale una especie de puntero de una de las esquinas del rombo.



La sensación de antes vuelve, pero esta vez mucho más intensa...pero en vez de asustarse decide ir un poco más allá y con la otra mano, en un ágil movimiento del que el mismo se sorprende, se coloca la capa sobre sus hombros.
La sensación es tan brutal que cae de rodillas temblando...hasta que nota que empieza a controlarla y no puede evitar soltar una gran carcajada al aire mientras levanta los brazos con el extraño cetro con punta en su mano derecha.

Bautista está tan absorto en su disfraz, que no siente que han entrado unos bandidos en su casa, hasta que es demasiado tarde y recibe un estacazo en la cabeza que le deja inconsciente.

Al despertar descubre que está en una cueva, atado de pies y manos sobre una fría y húmeda roca.
Comprueba visualmente que varios hombres, están a pocos metros de él y al parecer discutiendo por algo a voz en grito.

-. Quienes sois? Por que me tenéis atado que pretendéis?

Uno de los hombres, al parecer el que mandaba en la discusión, se acerca a él y recibe de este una patada en la boca del estómago que le hace vomitar.

-. ¡¡Calla maldito cabrero!! No molestes, no ves que estamos decidiendo que hacer contigo?
-. ¡Isidro, controla tu ira o nos dejarás sin trueque! - Le dice otro de los que allí se baten.

Bautista, mientras se recupera de la patada, comprueba que en una mesa hay una escopeta que le suena.

-. ¡Malditos esa escopeta es mía, me costó muchísimo adquirirla!

-. Si no te callas cabrero, la usaré contigo - Le suelta mientras le señala con el dedo.

Asustado por la amenaza Bautista decide callarse y analizar la situación.

-. Bueno compañeros - Dice al que han llamado Isidro - el botín que hemos sacado no es mucho por lo que propongo que pidamos un rescate por el cabrero, todo el mundo sabe que la viuda Braulia del Valle, tiene dinero escondido del que le dejó su marido y no precisamente poca cantidad.
Con la escopeta, este extraño aparato que llevaba el Cabrero en su mano y esa estupenda capa, poco podemos hacer. Propongo que la capa y el cacharro este os lo quedéis vosotros y yo que soy el jefe me quedo con la escopeta... ¿Alguna duda al respecto?

Los otros dos de la banda, asiente con la cabeza en signo de aprobación y se cogen uno la capa y otro el objeto.

Braulio les observa atento, para ver si les pasaba lo mismo que a él.

El que ha cogido la capa la mira extrañado sin saber siquiera como ponérsela, mientras el otro agarra el objeto como lo hizo Braulio y sorprendido comprueba que sale de nuevo ese entraño y prominente punzón.

-. Dios, dios, dios... - Comienza a repetir sin parar.

Los otros dos le observan asustados e incluso Isidro decide apuntarle con la escopeta al ver que levanta los brazos y comienza a reírse alocadamente.
Con la mano libre del cetro, en un movimiento rápido, le quita la capa al otro de sus manos y se la pone a en sus hombros, realizando un giro con ella en el aire que deja estupefactos a todos.

Braulio se incorpora y comprueba sorprendido que el poseedor de la capa y la barita, le mira y hace un gesto con esta, deshaciendo los nudos de sus muñecas en la distancia, liberándole de sus ataduras.

-. ¡Que haces insensato! - grita Isidro mientras le apunta con la escopeta más seriamente.

El encapado dirige la barita hacia Isidro y este dispara, fallando en su primer intento y dándole de lleno en la cara al otro componente de la banda que cae al suelo sin vida.

Seguidamente, Isidro apunta más certeramente al dueño de la capa y este recibe el impacto de los proyectiles en su pecho, no sin antes lanzar la varita y alcanzando a Isidro en el cuello, atravesándole este.

Los dos caen entre gritos de dolor que en pocos segundos paran.

Braulio, sin mirar atrás, sale corriendo de la cueva escapando no sabe muy bien de qué, pero con la certeza que de que nada bueno podía depararle si se quedaba allí.

En su carrera se le pasa por la cabeza volver a por la capa y el extraño cetro...pero enseguida se le quita de la cabeza al recordar lo vivido.

El qué fue del cetro y la capa, nadie lo sabe, ya que Braulio nunca supo como volver a esta cueva...o quizás prefería no recordarlo.


N. del A.: ¿Quieres saber qué es "Cuenta la Leyenda..."?

29 de abril de 2008

LA DAMA DE LA PEDRIZA (CUENTA LA LEYENDA...)

Yamila, se levanta de la mesa sin pedir permiso, saliendo de la estancia con ojos cristalinos por la negativa de su padre al escuchar sus planes de boda con el cristiano Samuel, mientras por sus oscuras mejillas dejan correr brillantes líneas hasta su barbilla, perdiendose en el aire, hasta dar con su negro y largo cabello.

Ya en la calle, y solo calzada con unas sandalias que no la permiten más que ir acelerada por los resbaladizos adoquines, oye su nombre en la oscuridad de uno de los callejones recién cruzados.

¡Yamila, Yamila! soy yo Samuel!

Sin mediar palabra, se ven fundidos en beso interminable hasta que ella le separa.

-. Huyamos, ahora, corramos a la pedriza en tu caballo y vivamos juntos en ese maravilloso paraje - Ruega Yamila con entusiasmo mientras le agarra de las manos y tira de él.

-. Pero como? y tu padre? nos perseguirá hasta dar con nosotros! - Asegura Samuel ante tal propuesta

-. Tranquilo Samuel, - Responde ella acariciandole su tez blanquecina - soy conocedora de un lugar donde nadie podrá encontrarnos y estaremos guarecidos hasta que la cosa se calme. Luego, pensaremos como viajar a tierras donde no nos juzguen por nuestra religión, viviendo de lo que nos ofreza la tierra.

Sin más equipaje que lo puesto, montan en el caballo de Samuel, un corcel de largas crines, negro como la noche que les cubría y protegía en su huida.



Tras trotar durante horas, llegan a un paso imposible de superar por el fuerte y ahora cansado equino, así que Samuel, muy a su pesar, deja atado entre las jaras a un pino, con cuerda larga para que pueda alcanzar el agua del río.
Con una caricia en el hocico se despiden de él y suben agarrados de la mano en dirección a la empinada pared donde Yamila conoce guarida.



-. Es aquí Samuel, es ahí arriba - Dice señalando el cielo
-. No entiendo - Contesta Samuel frunciendo el ceño
-. Sigueme, es sencillo, subo a menudo aquí - Le confia sonriendo mientras se quita las sandalias, las ata entre sí y se las cuelga al cuello.

Sorprendido, Samuel observa como Yamila trepa por la pared con agraciada sutileza, hasta que se para a mitad de esta y le mira apartándose el pelo con una mano, mientras se agarra con la otra.

¡Vamos Samuel, es sencillo, ya lo verás!

Dubitativo, comienza a ascender la pared mientras observa que, a pesar de parecer complicado, los agarres de mano y apoyos de pies, son generosos y dejan subir con facilidad.

Poco después, llegan a un amplio balcón con una veta de cuarzo que lleva a la guarida de la que Yamila habla.
En ella hay creciendo, a la entrada, un pequeño árbol (Un Tejo) que parece que Yamila cuida con cariño, por las piedras que hay protegiendo su vera.

Samuel queda perplejo al comprobar que Yamila tiene gran surtido de cosas en el interior de la amplia cueva y que al parecer llevaba preparando desde hace tiempo.

Allí pasan una semana entera, disfrutando de su soledad y amor, acompañados tan solo de impresionantes amaneceres azules y rojos de atardecer, hasta que comprueban que les falta ya alimento y deben salir a por el.
Samuel es quien baja, precavido en sus movimientos, buscando luego algún rastro de animal para encontrar su guarida y así darle pronta caza.
Un jabalí es el desafortunado en caer en su búsqueda. Pero antes de volver, se acerca a comprobar el estado de corcel...tristemente se encuentra raída la cuerda que le sujetaba, por lo que posiblemente volviera al establo de su casa.
Primero la tristeza le envuelve, pero enseguida se da cuenta que es lo mejor para él.

Ya en la cueva de nuevo, tras subir la pieza a su espalda, deciden hacer fuego para cocinar el cerdo y así hacerle durar más tiempo.
Craso error el que cometen, ya que el humo generado, alerta a los soldados del padre de Yamila que no andan lejos del lugar y que pone en camino hacia el hogar de los amantes.

Yamila y Samuel, absortos en su cocina, no se percatan del ataque y estos son avisados demasiado tarde por las espadas Jinetas al rozar contra el granito, mientras los soldados trepan los metros que hay hasta la cueva.

Samuel, sin saber muy bien que hacer, decide atacar al primero que aparece frente a ellos, con recta espada Mandoble.

Mientras las hojas chocan, Yamila queda asutada e inmóvil, sin saber que hacer.

¡Yamila, huye, escapa de la cueva...la cueva es una trampa si consiguen subir todos!

Descalza y con escaso atuendo encima. Poco más que un camisón blanquecino, Yamila intenta subir por la empinada pared de la izquierda, desesperada por poder huir de sus perseguidores...de repente comprueba que donde ya esta, no hay agarre ni apoyo alguno y que se encuentra en lugar imposible ya de retroceder, de nuevo entonces sus lágrimas inundan sus ojos y pueblan seguidas sus mejillas.

¡Samuel, que hago, no puedo subir ni bajar!

Este, desquita la mirada para observar un segundo su situación y es cuando su atacante aprovecha para estocarle el cuello, seccionado su cabeza y tronco.

¡Samueeeeel!

El grito de Yamila desgarra la noche pedricera, cruzando de lado a lado el ancho valle, mientras sus pies dejan de adherirse a la roca y se arrastra dejando algún jirón del camisón en la roca, justo antes de rodar hasta abajo y perderse en la oscuridad de las sombras, terminado en seco golpe.

Los soldados quedan asustados, sabedores de que si contaban lo ocurrido, seguramente correrían la misma suerte que Samuel, que ahora yacía en dos pedazos inertes a sus pies, así deciden bajar a casa del padre de Yamila con la historia en sus temerosas bocas, de que esta fue tirada por Samuel al verse acorralado por ellos y que entonces dieronle muerte por haber empujado a Yamila al vacío.



Desde entonces, todo aquel que duerme en la cueva o en su proximidades, puede oír los gritos y lamentos de Yamila hacia su amado Samuel.


N. del A.: ¿Quieres saber qué es "Cuenta la Leyenda..."?

6 de abril de 2008

CUENTA LA LEYENDA...

Muchos conocemos historias y leyendas de zonas de montaña asociadas a riscos, picos, etc, que tiene parte de real y de fantasioso, dándoles un toque de misterio a la escuela de la que hablan. En el caso de la Pedriza, no es menos, aunque son pocas las que hoy aun se mantiene vivas, gracias a antiguas publicaciones y como no a Internet. Si buscamos un poco por la red, las encontraremos de manera detallada, sacadas, lo más probable, de la primera guía de escalada de la pedriza, que precisamente (muy amablemente) me regaló recientemente Michel, convirtiéndose en una de las guías de escalada más antigua de mi ya amplia bibiloteca de montaña, siendo esta del año 1981.


Portada de la primera guía editada de escalada de la pedriza

Con esta nueva Etiqueta del blog, pretendo dar a conocer las leyendas de la Pedriza, pero contadas por alguno de una manera diferente.. estas serán descritas por sus personajes y en primera persona.
Evidente es que gran parte me lo inventaré, pero espero conseguir guardar la base de la historia, deformándola lo menos posible.

Espero os guste, entretenga y divierta.

En breve, la primera entrega