18 de mayo de 2010

TRES BLOGGEROS POR LA CARA (VÍA “BY THE FACE” AL YELMO)

La vía Calavera (apodada por nosotros como “Cagalera”) al Yelmo, es una vía de esas en las que ves poca gente que se meta en ella, debido principalmente a que no dispone de seguros y la posibilidad de protección es mínima. Prueba de ello es el croquis que publicó se hace tiempo en Viaclasica.

Llevaba ya tiempo detrás de este objetivo pero no encontraba la confabulación de la meteo con la gente que se animase a darle un tiento.
Este finde pasado, por fin los elementos se unían para que a pesar de las dudas de mis compañeros Diego y Ramón, aflorasen en cada paso que nos acercaba más al proyecto, se consolidaba.



Pero lo que no nos podíamos imaginar es lo que nos encontramos. Dos cordadas por delante.



- Teníamos que haber quedado antes – Nos reprocha con razón Diego sabiendo que no podemos combatir su comentario.

Valoramos esperar a que se alejen de la primera reu, pero enseguida vemos cosas que no nos gustan, como el adelantamiento (creo que permitido) y la posibilidad de que si caen nos arrastren.



No hemos subido ninguna guía, así que buscamos a alguien que haya cargado con ella hasta la pradera y valoramos otras opciones, con la premisa de que no la hayamos hecho ninguno y que sea de grado asequible.



No tardamos mucho en descubrir una olvidada línea del mismo estilo a la Calavera pero que va un poco más arriba siguiendo e igual modo una vira que recorre la cara Sur de derechas a izquierdas en una espectacular travesía con a penas 9 seguros (sin contar reus) en su casi 200m de recorrido y con una posibilidad muy escasa de autoprotección.



La decisión está tomada y mi coco preparado durante la semana para enfrentarme al reto de una escalada por la Sur del Yelmo, sin apenas seguros, apelando únicamente a la destreza de mis compañeros para recuperar cuerda en caso de caída y a tener confirmado el supuesto grado de la vía, que no daba más de 6a y en el último largo.

Ramón lleva ya tiempo sin trepar y mucho más sin meterse en vía larga, así que el coco no lo tiene como para meterse en frío y Diego, debido a una lesión reciente en una mano, el asegurar lo tiene descartado.

Confiado y a la vez entusiasmado por el reto, no tardo mucho en estar metido en faena, aunque me preocupa un poco el no sentir miedo.



La vía comienza fuerte tras una fácil placa, con un paso atlético que se puede asegurar con un “frend”.



Tras este, se chapa un parabolt para luego seguir por una fina placa que corta una fisurilla que sólo sirve de guía para no perderse y en la que se concentra el grado más técnicamente difícil de la vía.

Estudio la roca para no fallar y consigo pasar sin caer hasta llegar a una de las fisuras que si que se puede proteger. Aquí el nº 4 se queda para seguir por la vira, más fácil, pasando por tres chapas más.



Una vez pasada la última, dejándola atrás y más baja de mi posición, llego al borde del gendarme, del que tengo que bajar para llegar a la placa donde veo un poco más abajo la primera reu.



Mi primer instinto es el de saltar y quedarme en placa con un poco de suerte, pero es algo que descarto enseguida ya que si fallo caería de mala manera dándome generoso golpe con el lado izquierdo del gendarme, que estaba a unos 2m de la placa.
Lo mejor es colgarme de las manos y luego dejarme caer en la placa, esperando que la suela de los gatos me agarren al granito y luego ir hacia la reu.



¡Al loro Ramón!

Me voy descolgando hasta que los pies me quedan en el aire y las manos agarradas a la roma vira, por la que he llegado. No llego, así que me veo obligado a soltar una mano (la izquierda) para así intentar que el pie esté más cerca. Con esta misma mano palpo el gendarme y descubro una fisura que me ayuda a por fin bajar.
Chapo la reu y debido a la tensión no me salen las palabras, así que asomo una mano por encima del gendarme, con el pulgar levantado, para que mis compañeros sepan que ya estoy en reu.

En esto de las travesías el primero lleva su responsabilidad, pero los segundos también tienen que escalar e ir con cuidado de no caerse ya que las consecuencias son similares y en muchos casos hasta peores.



Ya en la reu, Ramón me confirma que prefiere esperar a otro largo para darle de primero. Yo encantado de seguir de primero.

Lo más difícil de este largo resulta ser no el extraño paso antes de la chapa, sino pasar un tramo donde la vira se vuelve roma tras dejar la chapa lejos y con posibilidad de caer de espaldas sobre la placa que hay entre el gendarme y este paño y que gobierna un pequeño muro de agarre romo.



Lo paso no sin miedo (por fin lo siento bien) y descubro que tenemos a unos chavales que están en la reu que se supone me toca. No es sitio para pararse, así que tras preguntarles y decirme que ellos continuaban recto ya que estaban haciendo la Esteban Altieri, chapo la reu y les paso por debajo para llegar a la siguiente reu. Entremedias, nada. No hay chapas ni posibilidad de protección.



Confianza, no pensar en la caída, ni en la distancia que hay entre “seguros” y dedicarse sencillamente a escalar.

Llego a la reu y comienzo a montar cuando descubro que hay otra a tan solo 10m y que queda más cerca del muro del siguiente largo, que tiene un aspecto nada agradable.

- ¿Te animas Ramón? – Le digo al llegar a la reu, recordándome por alguna razón a una conversación pasada.



Tras unas pocas dudas al final pide los cabos del miedo y se aleja de Diego y de mí, adentrándose en las fauces de adherencia expuesta con un paso de V+ de fe, que controla tras varios dudosos intentos consiguiendo que Diego y yo estemos sufriendo lo mismo que él.



Tras este, continua la tónica general de travesía, sin seguros, ni posibilidad de ponerlos hasta que encuentra otra chapa como a unos 15m de la anterior y luego la reu.



En esta volvemos a cambiar cabos y de nuevo me enfrento a otra travesía que en algunas guías la dan de 6a.
La razón es un paso vertical, de bloque, sobre unas setas y con el seguro (un “frend”) a los pies. Para nosotros V+.



Tras este, un laceo a una seta y luego a buscar unas fisuras ciegas improtegibles de Vº, donde uso de manera psicológica una gran seta y que sé se saldrá en cuanto mueva la cuerda, pero necesito algo para continuar hacia arriba.

¡10m Vlady! - Oigo que me gritan.

Tras navegar por la parte alta buscando un lugar donde montar reu, por fin encuentro una reu de argollas, a la derecha, un poco más abajo.

Desde aquí aseguro a Ramón y Diego, para luego, el primero, darse el largo de transición final hasta la parte alta del Yelmo.



Por supuesto cima.



Destrepe.



Y diedro de la Valentina.



Ya abajo el cuerpo me pide marcha y aunque a Diego y a Ramón no le hace trepar más, le doy un tiento a las fisuras ciegas del gendarme pero me bajo al ver la suciedad de las mismas.



De camino, nos encontramos una escena que hacía tiempo no veía y es a un escalador en las fisuras de Colina Hueca escalando en solo integral en una vía de V+, lo cual como no, hace plantear la conversación entre los tres y los metros que hemos recorrido en el Yelmo sin a penas seguros en grado similar.

15 de mayo de 2010

CRÍTICAS CONSTRUCTIVAS 0065 MAY10

Ya estamos con una nueva entrega del “críticas” en que hablaremos del número de Mayo de la revista Desnivel. Uno de esos números que pasará sin pena ni gloria.

Comenzamos!

Desnivel nº 287: Tienen que pasar 18 hojas (que no páginas, que serían 36) para que me produzca interés su lectura ya que preceden una excesivamente larga entrevista a los que en un número pasado ya contaban que habían escalado la vía Spray on con propuesta de WI 10 y un también extenso artículo del Corredor Bramase, a la cara Sur del Cervino, por un padre y su hijo, que el padre se llama Marco y el hijo ya te lo he dicho…no, se llama Hervé y de apellido Bramasse, del que lo más interesante sería ver un croquis en condiciones del que carece el artículo.

Tras esto, como decía, me detengo en un publi-reportaje donde nos cuentan que va a sacar una nueva guía-libro sobre escalada clásica en España, mostrando una selección de 100 por parte de José Luis Rubayo y Alfredo Merino.
No deja de resultar curioso e interesante, contar los dos puntos de vista del comienzo del artículo, escrito por uno de los autores, que dice y cito textualmente: “Puede sorprender que en la era de la información digital... ...se publique un libro con algo tan poco novedoso como una selección de las mejores escaladas españolas. La más elemental búsqueda en Internet nos saca cientos de miles de entradas que contienen ambas palabras.
A pesar de todo, aquí está el libro.
Si lo comparamos con lo que está previo a este y evidentemente escrito por la editorial y que dice así, volviendo a citar textualmente: “Ediciones Desnivel publicará en los próximos días una guía sin precedentes en nuestro país…

...

Lo cierto es que no es la mejor manera de vender el trabajo por parte de los autores, pero al menos son sinceros y eso se merece un aplauso.

¡Bravó!

Curiosamente, tras el anuncio de la guía-libro, aparecía esta noticia en la ficha del libro.



Yo al menos le echaré un vistazo, a ver si hay cosas nuevas, cuando me pase a por la de Junio, pero 40€…ejem!

Ya casi terminando en lo que llaman Técnicas básicas de escalada deportiva, hablan sobre el siempre importante tema de pasar la cuerda por la reu para descolgarse.
Bien explicado de la mano de José Eladio Sánchez.

En la suscripción, de nuevo, cambio de regalo.

¡Juer, qué mareo!

Ahora las gafas Typhoon de la marca Julbo.



Para finalizar un artículo interesante sobre mosquetones ligeros, de la mano de Tino Núñez, en lo que llaman Material, en el que nos muestra 9 mosquetones, de alambre, de los que sólo 4 supera la barrera de los 7kN en transversal, cosa que miro siempre antes de comprarlos, sobre todo si es de alambre y dentro de estos (↔8), solo dos supera los 7kN en abierto, el Moses de Mammut y el Minor de Fixe.



El primero con 27g y el segundo con 32g.
Finalmente el precio decide y este se lo lleva el Fixe con 6€ por unidad respecto a los 11€ del Mammut.
Ahora habrá que mirar si el precio de 6€ es real o se trata de una errata como con la mochila Millet del número anterior.

10 de mayo de 2010

¿POR QUÉ OCURREN LOS ACCIDENTES DE MONTAÑA? (FILOSOFANDO...)

Lo primero decir que, si esperas encontrar un post donde voy a poner en tela de juicio las acciones de gente que ha tenido un accidente con resultado de infortunio, te recomiendo que dejes de leer, ya que la idea de este no es la de levantar polémica alguna, sino la de dar una opinión sobre mi propia experiencia, errores y fallos cometidos, en los que unas veces me ha salido bien y otras mal. La diferencia, en muchos casos, sencillamente ha sido la suerte, lo cual ya decía Joe Simpson en su libro Este Juego de Fantasmas, sobre que de nada sirve tener mucha experiencia en montaña y llevar a cabo todas las premisas posibles, si el serác se cae en el momento en que pasas, sólo será por mala suerte.

También quiero eliminar de la ecuación las causas evidentes por las que ocurren otros, como son la falta de conocimiento del medio o un equipamiento inadecuado para la actividad.

Aclarados estos importantes puntos, paso a declarar y diseccionar los apartados con los que tras mi propia experiencia en estos últimos 13 años en la montaña, la lectura de varios artículos de expertos y libros sobre el tema o relacionados de algún modo, me han servido para la creación de este post, como son, por citar algunos:

- Quién vive, quien muere y por qué
- Doctor Vertical
- Guerreros de la Roca
- Quién dijo miedo
- Al límite 1 y 2
- Alpinismo Extremo
- Solo. Técnicas y experiencias
- El Poder del Ahora
- El hombre en busca de sentido
- …

Para ello voy a lanzar preguntas que seguramente muchos os habréis hecho en algún momento e intentar responderlas mediante lo aprendido.


A veces me enfrento a un paso que sé puedo hacer pero me bloqueo ¿Por qué me limita mi "coco" cuando quiero hacer algo?
El cerebro humano funciona usando, acumulando y actualizando una gran base de datos de recuerdos. Estos recuerdos son los responsables directos de nuestras decisiones. Decisiones erróneas o acertadas según el resultado, pero que cuando las tomamos pensamos es lo mejor, debido a que en un pasado tuvimos unas derivaciones que nuestra mente interpretó como “malas" o "buenas” en una situación similar.

Esto que explico se entiende mejor con un caso práctico.
Cuando me rompí el menisco, tras los meses de recuperación, cuando volví a escalar, el miedo a una nueva lesión no me dejaba hacerlo a gusto, porque el recuerdo que tenía con la escalada era que me había lesionado.
Le costó cierto tiempo de aprendizaje a mi cerebro, que el hecho de escalar no tenía por qué dar como resultado directo la lesión. Para ello tuve que empezar de cero y entrenar de nuevo el coco, consiguiéndolo mediante una mayor confianza en mi mismo con mi respuesta ante la roca, que evidentemente había bajado con el parón.

Pero también está el caso en el que no hay lesión previa y aun así no nos atrevemos a hacerlo.
Aquí puede ser el tema del miedo a lo desconocido, como por ejemplo la caída.

No hay escalador que tenga más miedo a la caída, que el que nunca lo ha hecho.


Me he encontrado muchas veces perdido por seguir un camino equivocado, sobre todo a la vuelta ¿Por qué me pierdo?
Decir antes de nada, que esto suele ser uno de los percutores más habituales de los accidentes en montaña.
Aparte de que el sentido de la orientación no sea muy bueno (como en mi caso), el perderse no sólo se basa en esto. Influye otro factor importante: No solemos prestar la atención necesaria cuando hacemos un recorrido por el que nunca hemos ido.
Todos hemos ido de copiloto en un coche y hemos llegado al nuevo sitio sin ser capaces de saber todas las direcciones a toma para regresar, ya que hemos delegado en el conductor (que ya sabía como llegar). Esto mismo ocurre cuando tomamos un camino nuevo, por la montaña, por el que nos perdemos al no estar atentos a la señales que nos ofrece y memorizarlas por si tenemos que regresar por el mismo.
Aunque en esta cuestión hay decenas de trucos, el principal, es darse la vuelta antes de que tengamos la sensación de estar perdidos del todo, regresando al punto en que estábamos seguros de nuestra ruta.
Poca gente hace esto y suele confiar en que más adelante lo encontrará, hasta que está totalemente perdido.
Mirar atrás en los cruces para fotografiar mentalmente (o físicamente) este y luego usarlo cuando lleguemos a él de nuevo, también es uno muy útil.


Bien, ya hemos aprendido de los errores, entonces ¿Por qué recaigo en las mismas cosas?
Si no fuera así, no seriamos humanos.
A diferencia de los animales, nosotros no sólo nos guiamos por nuestros instintos, sino que tenemos la capacidad de tomar decisiones, pero esa toma de decisiones, por desgracia, esta basada en una experiencia anterior de la que, por alguna razón, hemos salido libres a pesar de lo peligroso de la situación y por lo tanto una sensación de que no es algo “malo”.
Muchas veces, si hiciéramos más caso a nuestro instinto primario que a nuestro enrevesado razonamiento, posiblemente saldríamos mejor parados, pero como decía anteriormente nuestro cerebro funciona mediante los recuerdos, por los que finalmente tomamos las decisiones ante una cuestión planteada.

Lo cierto, es que da un poco de miedo este hecho comprobado en parte de la bibliografía expuesta más arriba, pero no todo está perdido ya que ahora que lo sabemos, podemos actuar en consecuencia y cuando estemos de nuevo ante una duda, sabremos que quizás nuestra mente no esté interpretando los peligros objetivamente.

Piensa, valora y luego actúa.

Otro caso para explicar un poco lo de arriba..
Hace unos años, intenté el Aneto por el Estasen, junto a César Ortiz, pero la meteo no nos dejó llegar más allá del segundo ibón, dándonos la vuelta al ver que las posibilidades de tener éxito eran nulas por intentar hacer la actividad en la mitad de tiempo habitual. Nuestros recuerdos de experiencias anteriores nos habían hecho llega a esa conclusión.


Pon el sonido, merece la pena

Un par de años después decidí volver. Esta vez en solitario y en estilo Alpino, es decir con todo encima.
Un error al dejarme la carne en el coche, única fuente de proteínas en 3 días, y solo disponer de hidratos de carbono, consiguió de nuevo que me diera la vuelta, haciendo caso a las señales de cansancio que acuciaba tras 12 horas de abrir huella hasta la cintura en muchas ocasiones.


Pero hay a veces que no da tiempo a pensar, valorar y actuar y te ves metido en una situación incómoda por ayudar a otros ¿Por qué actuamos así?
A pesar de que esta sociedad intente por todos medios separar al individuo del grupo, lo cierto es que estamos “conectados” unos con otros, sobre todo en lo que se refiere a la ayuda por el prójimo. Tristemente en la ciudad se pierde, ya que se trata de un instinto primario. Mevrefiero al de prestar ayuda.
Cuando vemos una situación de peligro cerca de nosotros, (alguien con el grillo mal pasado, una reu peligrosa, un escalador sin casco a pie de los Mallos de Riglos, etc) sentimos en el interior una imperiosa necesidad por advertir del peligro al que se enfrenta ese congénere que está a nuestra vera.
Esa primera necesidad instintiva sería la correcta, pero el problema viene de nuestros recuerdos en los que en alguna otra ocasión lo hemos hecho (o hemos visto hacerlo) y hemos recibido desagradable respuesta, quizás por no saber trasmitir el consejo de seguridad con delicadeza o porque la otra persona es de las que piensan haber nacido aprendidas.


Vale, sigo todas esas pautas, pero aun así ¿Por qué ocurren los accidentes?

Normalmente no suele ser un cambio radical en la situación, sino que se van acumulando situaciones que desembocan en él.
Un cúmulo de circunstancias o señales que si sabemos interpretar con tiempo y actuar en consecuencia, podremos salvar el pellejo. Lo malo es que debido a esos recuerdos que tenemos de situaciones similares, en las que hemos salido indemnes, nos damos cuenta demasiado tarde o les prestamos atención cuando ya no sirven.
Pero, atentos, esto no quiere decir que seamos unos inconscientes o temerarios. La cuestión es, que para nosotros, en esos momentos de decisión, no nos parece una mala idea.
¿Sorprendente verdad?
Sencillamente nuestro cerebro funciona de esa manera, para así poder tomar decisiones en nuestra vida de manera ágil y coherente, basándose en experiencias vividas o situaciones similares.

Vuelvo a mencionar que nuestro cerebro funciona mediante los recuerdos.

Pongo el caso que sufrí en el intento a la Norte de Monte Perdido, del que ya he hablado en muchas ocasiones el blog y seguramente repita en más, ya que para mi fue un antes y un después en mi modo de entender la montaña.

Las señales:

• Al llegar al Refugio de Pineta nos avisaron de que había riesgo de alud.
• Decidimos madrugar y verlo en vivo, a ver como estaba.
• Amaneció con bastantes nubes.
• A mitad de camino del balcón, perdimos las huellas que seguíamos al no verse el camino.
• Se me abrió el Platypus y se me salió toda el agua. Cogí de nuevo en un reguero, ya muy alto, donde el agua no tenía apenas minerales.
• Me deshidraté.
• Decidimos subir por un empinado corredor, a la izquierda, desconocido (aun hoy desconozco su nombre, graduación y gente que lo haya subido) y a mitad de camino, cuando era más peligroso bajar que subir, llegó una espectacular tormenta pirenaica.

Ya era demasiado tarde.

No habíamos sabido ver la señales, pero no por nuestro desconocimiento en montaña, sino porque en aquel momento valoramos (según nuestros recuerdos) la situación y nos pareció un riesgo asumible.


Pon el sonido, merece la pena

Si tras madrugar, subir por el indefinido camino, y ver que perdíamos las huellas, nos hubiéramos dado la vuelta, no habríamos pasado la experiencia que más tarde acontecería y de la que tuvimos la suerte de salir vivos, ya que amaneció un día claro y nos permitió bajar sin más percances, pero en un estado lamentable.
Por otro lado, gracias a estos errores, en un futuro, nuestro cerebro, sabio el, nos recordaría que cuando viéramos ciertas señales nos diéramos la vuelta.

4 de mayo de 2010

ROUTE JARSEY (RISCO CENTRAL DE LA CHARCA VERDE, PEDRIZA)

Era de esperar que si está a menos de 2h de camino, no fuera una zona “virgen”, aunque en el fondo éramos conscientes de la posibilidad de encontrar secuelas de anteriores visitas, lo que encontramos superaba con creces nuestras expectativas.

No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Domingo 2 Mayo
De nuevo el planteamiento era como el de los antiguos buscadores de cimas de los comienzos de la escalada en España y más concretamente en la Pedriza. Coger todos los cacharros que se tuvieran a mano, las cuerdas y a la aventura en busca de una línea lógica en algún risco alejado de multitudes y gobernado principalmente por musgo.

Nos encaminamos, esta vez Yago y yo, a esa zona que me tiene atrapado ahora por su aparente salvajismo y que está pasado la famosa Charca Verde.



En este caso, la idea era investigar lo que había por encima de la Pradera de la Charca Verde y más concretamente el risco central que hay a mitad de ladera y que a falta de encontrar información sobre su topónimo original, llamaré Risco Central de la Charca Verde, hasta que me llegue otra información.



Esta vez llevaba una foto en la que tras fotos anteriores había marcado las posibles líneas lógicas y sus importantes descensos, bien andando o de árboles.



El acceso sabíamos que iba a ser penoso y por camino indefinido salvo por el que hace el agua al bajar, de la cabras y como no de senderistas que prueban a adentrase por sitios desconocidos en mapas.

La primera sorpresa de paso anteriores que encontramos, es un grueso jersey en mitad del camino elegido, apelmazado por el agua y la tierra, que separo con los bastones para ver un poco como es de antiguo su aspecto. Parece de nuestra época pero poco montañil. Lo dejamos ahí.



Lo siguiente es una botella de plástico, también arrastrada por el agua encajada entre las ramas y que recogemos.



El recorrido es casi en continua trepada, subiendo por risquitos pasando entre árboles, hasta que decidimos dejar de subir y coger dirección a unas paredes que hay a la derecha de nuestro objetivo, ya que parece que hay una acumulación de árboles a la misma altura lo que promete una zona de tierra más o menos llana que además termina cerca del comienzo de una canal que lleva al pie de vía que buscamos desde abajo con los ojos.



Estamos en estas, cuando vemos otro jersey, esta vez en un agujero y que parece el mismo modelo que el otro.



Por fin llegamos a esa base de tierra y luego tiramos hacia la izquierda en busca del mejor acceso a la V que formaba nuestro primer objetivo.



Al llegar bajo este, comprobamos que hay una canal de bloques precedida de un paso delicado, sobre todo si eres no muy alto y llevas una inmensa y pesada mochilla llena de cacharros.



Esto da paso a una sencilla trepada y finalmente a la base de la vía deseada.



Ya en ella vemos lo ancho de la fisura de la derecha tratándose de un clásico OW, en que el nº4 y 5 harán las delicias de la protección. Solo llevo uno de cada, así que habría que colocarlos con sabiduría y coco para subir por ahí.



Estamos ensimismados en como protegeríamos la zona superior, cuando un extraño brillo me lleva a mirar a la derecha y veo algo que consigue que mis ilusiones y motivación se desmoronen.



Mira una chapa!...Y otra!...Y otra ahí!

Estas que veo son claramente de nuestra época.



Aunque tras un paseo por las paredes colindantes vemos que hay seguros muy antiguos, de esos hechos a mano, con mucha solera.



Está claro que esta zona vivió mejores épocas.

Un poco desanimados decidimos igualmente comenzar nuestra empresa de subir por ese OW para intentar llegar a la cima izquierda.
Ahora le había quitado bastante aventura a la escala ya que seguramente encontraríamos reuniones equipadas o chapas de las que poder descolgarnos en caso de encontrarnos en un marrón y no poder bajar.

- ¡Qué más da Vlady! – Me dice Yago – Para nosotros será subir igualmente por primera vez!
- Ya, lo sé – Le digo resignado – Pero ya sabes, tenía esa ilusión. Esta claro que estando tan cerca era de esperar.

Me cuelgo todo lo que hemos traído a excepción de un par de cintas, los dos clavos, la maza y un par de uñas.



El comienzo es cómodo ya que se puede usar la pared de atrás en chimenea.



Luego toca meterse ya en faena al OW y comienza la fiesta del musgo y el camino a lo desconocido.
Lo primero es un paso de esos de pie mano sobre un resalte a la izquierda que con técnica y coco sale.



Aquí ya he puesto el nº4 y con lo que viene toca colocar el nº5.
Se trata de subirse a una repisa tumbada y roma con pies en “adherencia” sobre musgo y roca algo arenosa.
Tengo un momento justo cuando estoy a punto de subirme de pensar que me voy a estampar contra el diedro, pero encuentro el equilibrio y consigo subirme encima.

Ahora la cosa se vuelve mucho más musgosa y las posibilidades de protección son casi nulas.
Tan solo puedo colocar un fisu del nº4 en una grietecilla de roca poco fiable y de la que no me quiero caer.

- ¿No llegas a poner una cinta en la chapa de la derecha? – Me dice Yago desde abajo.

Lo cierto es que llevo pensando en ello todo el recorrido pero quería evitarlas. Lo malo es que tras analizar la situación, mirando el fisu y la distancia a las que estoy del nº5, seguramente picaría suelo. Así que realizo las acrobacias necesarias para chapar el lejano bolt y hacer el siguiente paso.



Este resulta ser realmente raro y encima para subirse en una manta de musgo, que da acceso a un jardín botánico, que es lo que resta de OW.
Valoro la posibilidad de asegurar con lo que llevo en el arnés y me doy cuenta que de que lo único que podría meter en unos 12m, son nº5, que no tengo.

Coloco dos Aliens (azul y verde) en la pared de la derecha, aunque no quiero ni mirarlos ya que los dos solo apoyan dos de sus levas y sé que no aguantarían ni si quiera colgarme.

Valoro la situación de nuevo: Estoy en una repisa inclinada de musgo, con unos Aliens mal puestos como único seguro en unos 12m de un OW lleno de diferentes plantas y con un final desconocido.

- ¡Yago, atento que voy a destrepar para colgarme de la chapa!

Tras quitar los Aliens, me encajo en el OW y voy arrastrándome cual fisurero por esta, hasta que alcanzo la cinta de chapa.

- Si eso podemos darle a la vía esta de la derecha – Me dice Yago animado.

Así que dejo la cinta y me descuelgo de esta, para cambiar luego, los cabos del miedo con él.

Yago, mucho más animado que yo, se lanaza a la vía pillando sólo los Aliens y un puñado de cintas.



Poco apoco va subiendo y comprobando que no regalan la vía y requiere de más que fuerza para salir de cada paso. Decide ir se un poc9o a la derecha y descubre que no ha sido limpiada por ahí, tirando un bloque del tamaño de la botella de 2l. Por suerte cae fuera de donde estoy yo, las cuerdas y las mochilas.

Luego ya de frente descubre que los distancies son generosos. Tanto que me pide le pase los friends medianos para proteger algún tramo antes de la extraña reu.



Tras llegar a esta comienzo a subir la vía y descubro que los pasos son además de exigentes y técnicos, desplomados de un grado mantenido de 6a+ casi hasta llegar a la reu.

- Espero que la siguiente esté cerca, estoy es realmente incómodo – Me dice Yago.



Lo cierto es que con todo lo grande que es, estar ahí colgado tiene que ser duro.

Me doy prisa en salir de la reu ya que además tampoco yo puedo estar en sitio cómodo y tengo que ponerme un friend para poder estar separado de Yago y así poder organizarnos con el material.

Una de las reu más incómoda y mal pensadas que he estado.

Tras unos paso de adherencia improtegibles por fin llego a la chapa que veíamos más arriba y al derecha.
Desde aquí es un paseo hasta llegar sobre la antecima.

- Tengo una noticia buena y una mala – Le digo a Yago - La buena es que estoy frente a la reu y la mala es que es una chapa con maillón de ferretería, con un tornillo como los que ponen a las presas de los roco.

Decido seguir más arriba e instalar una reu de tres friend bajo uno de los grandes bloques que hay al fondo.



Son segundos los que tarda Yago en llegar a mi lado, donde decidimos continuar tras las piedras y ver si como es la otra chimenea que adivinábamos desde abajo y si es protegible y escalable.



Tras un paso aéreo protegido con el nº5 sobre la salida que hubiera cogido si me hubiera aventurado a subir por el OW-JB (Off Width - Jardín Botánico) llega a una repisa de tierra tras los bloques que da acceso a la gran chimenea.



Ahí encuentra, en el suelo, un curioso herraje de los años 50 lo menos, en forma de seguro usado en varias batallas por su aspecto desgastado.



¡Si los clavos hablaran!

Tras llega a los árboles donde me asegura, comprobamos la brutalidad que es ese largo y su aspecto terrorífico ya que se trata de una chimenea abierta en su segundo tramo de es que nos se pueden proteger correctamente, así que desistimos de ella enseguida.



- He visto una línea de chapas a la izquierda, pero parece un muro muy difícil –me dice Yago – Lo menos 8c jejeje

No obstante nos acercamos a ella y miramos que tiene una reu con argollas y de nuevo con tornillos oxidados de esos que son para las presas de los rocos…o al menos eso parecen.



Esta es precedente de una línea de chapas, con parabolt, muy juntas entre si en los primeros metros.

- Esto es Ae – Le digo a Yago - ¿Has hecho alguna vez artificial?
- No, seria la primera vez – Me confiesa.

Hemos subido un par de estribos, así que podemos subir sin problemas.

Me cuelgo todas las cintas que llevamos y me lío con el mecánico y repetitivo ejercicio de subir un Ae de parabolt.

Chapo, paso cuerda, pongo estribo, me subo, chapo, paso cuerda, pongo estribo, me subo…

Pero con lo que no contaba es que en un momento dado hay que salir en libre y que la roca está aun sin limpiar y me exige darme tres pasos sobre roca arenosa hasta llegar a una patata roma y casi plana a unos 3m de mí. Desde ahí subir un par más y llegar a las siguientes chapas.

Hoy no tengo el coco en condiciones…no quiero arriesgar y la roca que se desmenuza en mis pies y manos tampoco es buena consejera.

- ¿Te apetece probar Yago?

Hoy está con el coco bien y se siente fuerte, así que se anima darle y en poco rato está en la patata a la que llega fácilmente.

Tras esta llega a la otra chapa y desde aquí me confirma que para poder llegar ala otra se tendrá que dar un paso. Calculo que será de 6a, tras esta llega a la chapa, vuelve a darse otros paso de Ae y un último paso también de Ae, desde donde decide bajarse ya que no es capaz de ver lo que le espera y duda de que haya reu.



Es lo más razonable.

Aquí damos por terminada la escalada y toca ver como bajamos de aquí.

De nuevo el croquis que había traído sobre los posibles descensos nos ayuda a la elección del camino a seguir.

Tras dudar de si subir por una atractiva aunque sucia laja en bavaresa o por la canal de la derecha, nos decidimos por esta última.



Esta termina en un majestuoso árbol donde monto reu y del que decidimos bajar rapelando tras pasar la cuerda por una de sus gruesas ramas.



Así, llegamos a una zona de destrepe sencillo.



Y finalmente a pie de vía donde terminaba y comenzaba la vía.



Tras estar tirado al sol y comiendo los majares que cada uno había subido, toca bajar de este idilio y tranquilo lugar.



Curiosamente no recordábamos ninguno de los dos como habíamos llegado hasta aquí y no es que se nos hubiera borrado la memoria, es que estábamos tan absortos en nuestro objetivo que el como llegar había sido menos importante, pero gracias a mi afán de hacer fotos a los detalles, conseguimos descubrir el nada evidente camino de bajada que tras 1h y poco nos deja por fin de nuevo en la Pradera de la Charca Verde a buscar para lo que realmente habíamos venido. A por las Clásicas!



Aquí un croquis de acceso aproximado que hicimos al subir.



Y aquí un croquis de la vía que escalamos y las vías de chapas (flechas rojas) que observamos desde nuestra posición, aunque puede que haya muchas más.