TRES BLOGGEROS POR LA CARA (VÍA “BY THE FACE” AL YELMO)
La vía Calavera (apodada por nosotros como “Cagalera”) al Yelmo, es una vía de esas en las que ves poca gente que se meta en ella, debido principalmente a que no dispone de seguros y la posibilidad de protección es mínima. Prueba de ello es el croquis que publicó se hace tiempo en Viaclasica.
Llevaba ya tiempo detrás de este objetivo pero no encontraba la confabulación de la meteo con la gente que se animase a darle un tiento.
Este finde pasado, por fin los elementos se unían para que a pesar de las dudas de mis compañeros Diego y Ramón, aflorasen en cada paso que nos acercaba más al proyecto, se consolidaba.
Pero lo que no nos podíamos imaginar es lo que nos encontramos. Dos cordadas por delante.
- Teníamos que haber quedado antes – Nos reprocha con razón Diego sabiendo que no podemos combatir su comentario.
Valoramos esperar a que se alejen de la primera reu, pero enseguida vemos cosas que no nos gustan, como el adelantamiento (creo que permitido) y la posibilidad de que si caen nos arrastren.
No hemos subido ninguna guía, así que buscamos a alguien que haya cargado con ella hasta la pradera y valoramos otras opciones, con la premisa de que no la hayamos hecho ninguno y que sea de grado asequible.
No tardamos mucho en descubrir una olvidada línea del mismo estilo a la Calavera pero que va un poco más arriba siguiendo e igual modo una vira que recorre la cara Sur de derechas a izquierdas en una espectacular travesía con a penas 9 seguros (sin contar reus) en su casi 200m de recorrido y con una posibilidad muy escasa de autoprotección.
La decisión está tomada y mi coco preparado durante la semana para enfrentarme al reto de una escalada por la Sur del Yelmo, sin apenas seguros, apelando únicamente a la destreza de mis compañeros para recuperar cuerda en caso de caída y a tener confirmado el supuesto grado de la vía, que no daba más de 6a y en el último largo.
Ramón lleva ya tiempo sin trepar y mucho más sin meterse en vía larga, así que el coco no lo tiene como para meterse en frío y Diego, debido a una lesión reciente en una mano, el asegurar lo tiene descartado.
Confiado y a la vez entusiasmado por el reto, no tardo mucho en estar metido en faena, aunque me preocupa un poco el no sentir miedo.
La vía comienza fuerte tras una fácil placa, con un paso atlético que se puede asegurar con un “frend”.
Tras este, se chapa un parabolt para luego seguir por una fina placa que corta una fisurilla que sólo sirve de guía para no perderse y en la que se concentra el grado más técnicamente difícil de la vía.
Estudio la roca para no fallar y consigo pasar sin caer hasta llegar a una de las fisuras que si que se puede proteger. Aquí el nº 4 se queda para seguir por la vira, más fácil, pasando por tres chapas más.
Una vez pasada la última, dejándola atrás y más baja de mi posición, llego al borde del gendarme, del que tengo que bajar para llegar a la placa donde veo un poco más abajo la primera reu.
Mi primer instinto es el de saltar y quedarme en placa con un poco de suerte, pero es algo que descarto enseguida ya que si fallo caería de mala manera dándome generoso golpe con el lado izquierdo del gendarme, que estaba a unos 2m de la placa.
Lo mejor es colgarme de las manos y luego dejarme caer en la placa, esperando que la suela de los gatos me agarren al granito y luego ir hacia la reu.
¡Al loro Ramón!
Me voy descolgando hasta que los pies me quedan en el aire y las manos agarradas a la roma vira, por la que he llegado. No llego, así que me veo obligado a soltar una mano (la izquierda) para así intentar que el pie esté más cerca. Con esta misma mano palpo el gendarme y descubro una fisura que me ayuda a por fin bajar.
Chapo la reu y debido a la tensión no me salen las palabras, así que asomo una mano por encima del gendarme, con el pulgar levantado, para que mis compañeros sepan que ya estoy en reu.
En esto de las travesías el primero lleva su responsabilidad, pero los segundos también tienen que escalar e ir con cuidado de no caerse ya que las consecuencias son similares y en muchos casos hasta peores.
Ya en la reu, Ramón me confirma que prefiere esperar a otro largo para darle de primero. Yo encantado de seguir de primero.
Lo más difícil de este largo resulta ser no el extraño paso antes de la chapa, sino pasar un tramo donde la vira se vuelve roma tras dejar la chapa lejos y con posibilidad de caer de espaldas sobre la placa que hay entre el gendarme y este paño y que gobierna un pequeño muro de agarre romo.
Lo paso no sin miedo (por fin lo siento bien) y descubro que tenemos a unos chavales que están en la reu que se supone me toca. No es sitio para pararse, así que tras preguntarles y decirme que ellos continuaban recto ya que estaban haciendo la Esteban Altieri, chapo la reu y les paso por debajo para llegar a la siguiente reu. Entremedias, nada. No hay chapas ni posibilidad de protección.
Confianza, no pensar en la caída, ni en la distancia que hay entre “seguros” y dedicarse sencillamente a escalar.
Llego a la reu y comienzo a montar cuando descubro que hay otra a tan solo 10m y que queda más cerca del muro del siguiente largo, que tiene un aspecto nada agradable.
- ¿Te animas Ramón? – Le digo al llegar a la reu, recordándome por alguna razón a una conversación pasada.
Tras unas pocas dudas al final pide los cabos del miedo y se aleja de Diego y de mí, adentrándose en las fauces de adherencia expuesta con un paso de V+ de fe, que controla tras varios dudosos intentos consiguiendo que Diego y yo estemos sufriendo lo mismo que él.
Tras este, continua la tónica general de travesía, sin seguros, ni posibilidad de ponerlos hasta que encuentra otra chapa como a unos 15m de la anterior y luego la reu.
En esta volvemos a cambiar cabos y de nuevo me enfrento a otra travesía que en algunas guías la dan de 6a.
La razón es un paso vertical, de bloque, sobre unas setas y con el seguro (un “frend”) a los pies. Para nosotros V+.
Tras este, un laceo a una seta y luego a buscar unas fisuras ciegas improtegibles de Vº, donde uso de manera psicológica una gran seta y que sé se saldrá en cuanto mueva la cuerda, pero necesito algo para continuar hacia arriba.
¡10m Vlady! - Oigo que me gritan.
Tras navegar por la parte alta buscando un lugar donde montar reu, por fin encuentro una reu de argollas, a la derecha, un poco más abajo.
Desde aquí aseguro a Ramón y Diego, para luego, el primero, darse el largo de transición final hasta la parte alta del Yelmo.
Por supuesto cima.
Destrepe.
Y diedro de la Valentina.
Ya abajo el cuerpo me pide marcha y aunque a Diego y a Ramón no le hace trepar más, le doy un tiento a las fisuras ciegas del gendarme pero me bajo al ver la suciedad de las mismas.
De camino, nos encontramos una escena que hacía tiempo no veía y es a un escalador en las fisuras de Colina Hueca escalando en solo integral en una vía de V+, lo cual como no, hace plantear la conversación entre los tres y los metros que hemos recorrido en el Yelmo sin a penas seguros en grado similar.















































