30 de marzo de 2015

PERROS CALLEJEROS (UN ESPAÑOL EN NICARAGUA)

Os presento a Pánfilo, un perro callejero cualquiera de los cientos que recorren las calles de Nicaragua, pero con una diferencia: De este sí conozco su historia y es de esas que merece la pena ser contada.


Este delgado y despeluchado can perteneció al antiguo inquilino de una casa a la que sigue viniendo buscando cobijo y algo de comida a las horas de siempre. El anterior inquilino y dueño del perro falleció hace meses, en condiciones dramáticas, en el piso de arriba de la casa. Suicidándose, dicen, por un desamor.

En broma los actuales inquilinos dicen que Pánfilo es el heredero y por ello lo han “adoptado” dejando que cuele sus delgados huesos por los barrotes que cierran la enrejada puerta de la calle.

Hace unas semanas los nuevos inquilinos, al llegar a casa, descubrieron que todos los documentos, cajas y demás cosas habían sido removidos y tirados por el suelo. Enseguida pensaron que habían entrado a robar, aunque lo extraños es que la puerta estaba cerrada y no se veía ningún forcejeo en la misma.
Pánfilo estaba fuera de la casa, no pudiendo haber pasado de la entrada ya que la otra puerta es solida y sin huecos, llegó al poco de aparecer la policía para determinar las causas del abuso de la morada.

Tras la investigación y sabiendo de las trágicas circunstancias que rodeaban la casa y la actitud del chucho, en el atestado se podía leer: Daños producidos por el espíritu de la casa.

Bien es cierto que tras lo sucedido los nuevos inquilinos confesaron lo que llevan sufriendo en la casa desde que decidieron alquilarla. Cosas como objetos que desaparecían de un sitio y aparecían en otro, platos que se rompen sin que nadie los toque o chillidos a mitad de la noche sin que existan vecinos cercanos.

Mientras Pánfilo sigue viniendo cada día a la casa, tumbándose en su sitio de siempre, como si el antiguo inquilino aun estuviera en la casa esperándole para ofrecerle los restos de su cena.

23 de marzo de 2015

LAGUNA DE APOYO Y VOLCÁN MOMBACHO (UN ESPAÑOL EN NICARAGUA)

Una semana de incordios con el carro, con varios pinchazos y un atrape en una embarrada zanja, sin mayores consecuencias que solicitar la ayuda de un tractor para salir.


También de conocer a la policía de tráfico y el liberal “funcionamiento” de multas de velocidad.


Pero que ha terminado con un bonito viaje a otro de los sitios que teníamos pendiente conocer y visitar.
La Laguna de Apoyo es uno de ellos.


El lugar es de lo más peculiar. Se trata un cráter de unos 6km de diámetro, de un antiguo volcán ya inactivo que por filtraciones de agua subterránea se ha llenado en gran parte su cono. Lógicamente está protegido aunque se puede pescar de forma controlada y navegar siempre que no sea con motor.

Aquí han florecido varios hoteles de reducidas dimensiones. Entre ellos uno llamado Aromansse en el que nos hemos decidido a pasar este fin de semana.


El lugar es de esos que no te importaría pasar una larga temporada.
Con tan solo cinco habitaciones el servicio que pueden dar al visitante es excepcional y te sientes súper cómodo.


Por ponerle un pero; no hay donde escalar :P
Muy recomendable.

La habitación, casi toda de madera,  tiene una cama con mosquitera. Para mi será la primera vez que duerma con ella.


Uno de los dueños, francés, es además profe de Yoga y Ori se anima a ir una de las clases.


Yo me quedo en la habitación y en nuestra terraza hago una sesión de ChiKung mientras les veo.

Luego desayunaco y un rato después agarramos el carro y nos vamos al otro objetivo del finde. Subir al volcán Mombacho, que gobierna el horizonte al otro lado de la laguna.


Este, mucho más turístico que el Momotombo, también está más protegido ya que es un volcán que tiene delicado bosque nuboso.


Se trata de una reserva natural y como tal hay que pagar por entrar. 20$, que incluye además la subida en camión asta dónde comienzan los recorridos.


No me deja de sorprender la potencia de algunos vehículos y la de este camión me deja con la boca abierta.
La inclinación que subimos bien te obligaría a usar la manos para superarla si fuéramos caminando. Y esto lo hace varias veces al día el mismo vehículo.
Realmente increíble!


Arriba, como hemos llegado algo tarde, solo tienen abiertos dos de los recorridos. Uno es gratuito y el otro es pagando un extra.


Hay también un tercero, abierto solo por la mañana, que llaman “El Puma”, y que es obligatorio hacer con guía…con guía?


En donde te deja el camión hay, además de un montón de antenas, un albergue con unas 15 plazas, y centro de interpretación, con vitrinas llenas de diferentes bichos y bichas que te puedes encontrar en la zona.


Serpientes...


Y todo tipo de insectos de diferentes tamaños.


Después de visitarlo nos metemos en nuestro recorrido que va por el borde de uno de los cuatro cráteres que tiene el volcán Mombacho.


Sorprende comprobar el fresco que hace nada más entrar y agradezco el haberme animado a llevar pantalón largo.
Es la primera vez que paso frío, al aire libre, en Nicaragua y la sensación es rara. Muy rara.


Durante el húmedo recorrido legamos un pasillo de estrechas paredes que ni Ori ni yo podemos reprimirnos a hacer algún paso de chimenea :D


El lugar es precioso.


Y si vas lento y te fijas en lo que te rodea descubres cosas como estas peculiares flores caídas en el suelo, que ponemos sobre el tronco de la barandilla para fotografiarlas.


O mariposas transparentes. La ves?


A la vuelta, nos salimos sin querer del camino y nos encontrarnos con dos muchachos, entendemos que biólogos, que andan anillando aves.


Les preguntamos y nos encontramos de manera improvisada como en un documental sobre aves, dónde nos cuenta todo lo que están haciendo, explicándonos sobre el ave que sujeta en sus dedos.
También nos cuentan que por fin acaba de salir el primer libro de aves de Nicaragua y nos lo enseñan orgullosos.


Tras esto volvemos a montarnos en el camión que sale a las 16:00, es el último, bajando de nuevo por las pendientes que ahora impresionan más al escuchar salir aire de los bombines de los frenos mientras pasamos por los cafetales de la famosa empresa Las Flores.


El domingo tenemos pendiente hacer kayaks por las aguas, agitadas por el aire, de la Laguna de Apoyo, aprovechando que está incluido en el precio de la habitación.


La experiencia es genial ya que al contrario que en la experiencia en los manglares donde las únicas olas que había eran la que generaban las motoras que pasaban esporádicamente. Aquí el viento hace de las suyas y es como estar en el mar!


O te pones de frente a la ola o vuelcas.

Estamos durante un par de horas y luego nos volvemos para comenzar el viaje de vuelta que por otro pinchazo, que descubrimos al llegar, nos tocará hacer en parte de noche.

16 de marzo de 2015

VIVIENDO (UN ESPAÑOL EN NICARAGUA)

Ya llevo más de un mes viviendo por estas lejanas latitudes bañadas por el Océanos Pacífico, en América Central, llamada Nicaragua. Y poco a poco voy descubriendo el modo de vivir de sus gentes, de moverse, de relacionarse, y sobre todo de hablar.

Cosas como que aquí “Tire” se dice “Hale” (Jale)


Las señales de Stop pone ”Alto” y “Dirección Contraria” es “Contra vía” o “No hay vía


Que el límite de velocidad es de 80km/h cosa que hace que los desplazamientos se use mucho tiempo.


Que parquear es aparcar.


Que casi todos los coches llevan todas las ventanillas tintadas, cosa que obliga a bajarlas en cuanto anochece.


Que en una misma cuadra te puedes encontrar hasta cinco farmacias


Que no existe el gel de ducha en los supermercados y que en vez de eso se usa pastilla de jabón.


Que no hay agua caliente en las duchas, ni para fregar.


Que si algo se fregó es que se malogró.


Qué todo puedes ser dicho con diminutivos (-ita o -ito) independientemente del tamaño.


Que mucha gente tiene perros y caballos y por el día les dejan sueltos para que se busquen la vida para comer y beber, y la gente los respeta.


Y es que no es lo mismo estar de paso que estar viviendo.

9 de marzo de 2015

ASCENSIÓN/ESCALADA AL VOLCÁN MOMOTOMBO (UN ESPAÑOL EN NICARAGUA)

Cada vez que hablaba con alguien de Nicaragua sobre escalada, hacían referencia a los volcanes. Entonces les explicaba que lo que yo hacía era escalada en roca y que a esto de subir volcanes caminando le llamábamos ascensión.

Como todo en la vida, para poder hablar de algo con cierta objetividad hay que probarlo. Y por eso este fin de semana nos hemos animado a subir una de ellos y como somos así, pues elegimos uno de los que dicen es más difícil de la zona y además con una historia detrás digna de contar.
El Momotombo.


Allá por el año 1610 tuvo una gran erupción y destruyó la ciudad de León obligando a sus habitantes a cambiar esta de lugar y situándola donde ahora se encuentra. A unos 60kms.
Por eso se le llama al antiguo lugar donde se encontraba la ciudad León Viejo.
En breve lo visitaremos también.

Para esta ascensión hay que solicitar ciertos permisos, por pasar por un terreno privado que tiene una geotérmica, por eso nos ahorramos el trabajo y contratamos la actividad con Tierra Tours con la que además nos llevarían el carro (coche) hasta el lugar donde comenzaríamos la ascensión.



01/03/15
A hora de Alpes (03:30) nos levantamos para poder realizar la actividad en las horas de menos calor ya que luego la cosa es un poco infierno y hasta peligroso.


Tras un traqueteado camino, llegamos hasta dónde el carro nos deja y nos esperará ya que la ruta no es circular y se sube y baja por el mismo sitio.

Son las 07:00 cuando comenzamos a caminar los 10 (incluida la guía) y ya aprieta el calor.


Hoy solo hay nubes decorativas.


El variado grupo me hace recordar mi trabajo en España y me cuesta salirme del rol de Guía.


Aunque un Guía siempre es un Guía esté ejerciendo o no, enseguida me fijo en que hay una chica que no va muy bien.


Finalmente nos vemos “obligados”, Ori y yo, a echar un cable a la Guía local, animando y regulando la intensidad del ascenso de la chica en cuestión.


Según avanzamos abandonamos toda vegetación y por lo tanto sombra.


También aumentan las vistas.


Con la aproximación a la cima también la inclinación de la ruta comienza a ser mayor.


Sumado a que es roca suelta tenemos que estar muy atentos ya que hay un tramo donde las rocas caen a gran velocidad empujadas por el fuerte viento que parece haber arriba.
De hecho pasa alguna demasiado cerca de mis piernas cosa que hace que cambien mi vista del suelo a la ladera de arriba para evitar un posible impacto a mí y al grupo.

Es una bolera…

Tras pasar la bolera, llegamos al hombro donde queda la última vegetación que veremos hasta volver a bajar.


Aquí comienza un viento que va creciendo en intensidad y fuerza según avanzamos.


La cosa se pone seria en cierta zona en la que calculo que podrimos haber llegar a los 100km/h haciendo volar gafas, gorras, etc.

Cuando llegamos a una roca que protege del fuerte viento la cosa ha llegado a ser muy heavy y el terreno es tan empinado que te obliga a ponerte a 4 patas si quieres avanzar, ya que además de lo empinado que está, las rocas son finas e imposibles de subir de otra manera.


Ahora entiendo por qué lo llaman escalar a subir volcanes.

Por fin llegamos a una costra de roca solida que hace más sencillo el ascenso, aunque el viento sigue igual de puñetero.


Seguimos subiendo con los pulmones bien abiertos y llega otro factor con el que no contábamos. Las fumarolas de gases.

El viento trae continuas nubes que te tragas sin poder evitar.

El ascenso se convierte en algo un poco agónico y llegada la cresta final me planteo darme la vuelta cuando empiezo a toser compulsivamente y a llorar.

Juer…cof, cof, no merece la pena, yo me doy la vuelta.

El resto del grupo continúa y yo me alejo de las fumarolas para poder coger aire.

Saco la braga que llevo y la doblo varias veces para taparme ojos, boca y nariz.

Espero un rato y me armo de valor y de oxigeno respirando varias veces profundamente para coger aire y llegar al pasillo donde más salida de gases hay y donde se encuentra el resto del grupo pasando, tosiendo y llorando como yo.


Al otro lado no hay nube de gases y se está “bien” nos animamos a hacernos unas fotos.


Y foto cima de los cuatro: Ori, Rebeca, Simone y yo


Sin muchos más preámbulos volvemos a bajar por donde hemos subido.


Aquí la cosa se pone más sencilla para la parte del grupo que está habituada a la montaña.

Por ello vamos ayudando un poco a los demás explicando cómo bajar por una pedrera de manera segura y rápida.


Aquí también descubrimos algo que me sorprende en este lugar tan inhóspito. Un gran enjambre de abejas bajo una roca


Una vez en terreno más compacto, pregunto a la guía si puedo bajar un poco más rápido y les espero en la sombra del primer árbol.

Sí, claro.


Carrerita!


Ya abajo, en terreno más llano espero al resto de grupo.


El tramo final se hace algo pesado sobre todo por la gran subida de temperatura.


Hemos consumido 3l de agua cada uno, hecho 2200m de desnivel acumulado y 8h de actividad de coche a coche.