SANSILSOLO 2009
La idea inicial era la de correr con varios colegas, muchos de ellos blogguers, pero me entretuve demasiado y llegué al lugar de quedar a las 17:20…es decir 20min tarde de la hora prevista.
Este retraso, aparte de hacer que me tocase correr solo (bueno, con casi 28.000 personas más pero nadie conocido) también, conseguiría que fuese lastrado con unos 4,5kg toda la carrera.
Esta es la historia de mi San Silvestre 2008.
Salgo en el metro Santiago Bernabeu, convencido de que vería a estos sin problemas, pero tras unos paseos entre la gran multitud que estaba allí apostada, no veo a nadie…miro la hora y compruebo que son las 17:25, así que me voy medio corriendo a las taquillas/furgonetas para cambiarme y dejar la mochila en una de ellas como otros años, pensando que luego, con más tranquilidad podría buscar a estos.
Al llegar al lugar donde suelen estar la furgonetas, compruebo sorprendido que todas están con el motor en marcha y las puertas cerradas…menos una.
Me cambio rápidamente y mientras estoy metiendo todo en la mochila para posteriormente meterlo en la bolsa que nos habían dado especifica para dejar las cosas, veo como cierran las puertas traseras, se montan y arrancan, dejándonos a un montón de gente con grandes paquetes en la mano, sin sabe que hacer.
Por lo visto cierran las taquillas/furgonetas a las 17:15 y lo pone en los papeles que te dan...pero, quien se lee esos papeles?
Unos deciden irse a tomarla, otros se apañan como pueden para colgarse las cosas, unos pocos ruegan un hueco a los conductores y otros como yo, dudan de qué hacer.
¡Vaya, este año que pago la inscrpción me quedo sin hueco!
Es un castigo divino por los dos años anteriores...
Miro la gran bolsa y pienso en todo o que llevo dentro:
Una par de zapatillas, calcetines para cambio, unos pantalones, un forro, gorro guantes, braga, cartera, llaves, móvil y un aro cosido con dos mosquetones de alambre nuevos que tenía que dar a Yago.
A todo esto tengo que sumarle mi Hija, con su juego extra de pilas y el gran angular. Pero con este último peso ya contaba para la carrera.
Calculo que todo no llega a los 5kg así que decido colgarme la mochila, ajustarla lo mejor posible y dirigirme a la salida donde deberían estar estos.
Son las 17:45 cuando me aproximo de nuevo a la salida. La cantidad de gente es tan brutal que ni si quiera soy capaz de llegar al primer cartel, quedándome muy atrás.
Estamos muy apretados y mi mochila abulta mucho, pero no me la puedo ni quitar de lo justos que estamos…hasta que por fin la cosa empieza moverse.
La sensación es parecida a la del año pasado en lo que se refiere a gente, ni mucho agobio ni mucho espacio. Lo justo para poder moverse.
Ay…uy, uy…
Las agujetas de la prueba que hice, corriendo los 10.000m, hace un par de días, para ver en que condiciones estaba tras la dura gripe y que me había tenido en dique seco tres semanas, están latentes y me hacen correr con delicadeza hasta que me acostumbro a los conocidos pinchazos.
¡Me cagüen el cerdito!
La mochila no para de moverse de lado a lado, hasta que consigo encontrar el modo de que no se mueva tanto. Es una mochila de Raid de Salomon y está pensada para correr, pero tan llena resulta bastante incómoda.
El km 2 llega sin problemas.
En el km 3 una chica resbala y cae a mi derecha…miro atrás y su compañero la levanta para seguir adelante.
Pasamos Cibeles, pasamos la Puerta de Alcalá y llegamos a Atocha, donde de repente, delante, a la izquierda, la gente grita “Cuidado”, parece ser que hay un hombre de unos 50años tirado en el suelo boca arriba y varias personas a su alrededor protegiendole de las posibles pisadas, pienso en pararme por si puedo ayudar a retirarlo, pero la multitud que viene tras de mi, me hace desistir enseguida. Podría producirse una caída multitudinaria.
Días depués, me enteraría que tristemente un corredor de 55 años había muerto en la carrera. Muy probablemente se trataba de este corredor. :(
Tras Atocha, comienza lo más duro, partir del km 8.
Al principio lo subo fresco tras las recientes bajadas, pero cuando llega el km 9 las agujetas se crecen y la mochila se hace notar pareciendo pesar el doble, junto al calor que da esta, sufro a cada paso que doy.
Intento desconectar la mente de lo que estoy haciendo, mantener el ritmo y pensar en cosas agradables para continuar corriendo sin parar.
De repente vuelvo a la carrera al ver a lo lejos el cartel de los 200m finales.
Ya se acaban la cuestas!
Rebusco en el fondo de los depósitos de energía y decido usarlos para darle un buen tirón a los últimos metros y robar unos minutos al cronometro.
Cuando paso la línea de meta mi fiel compañero marca 57,22min.
El año pasado bajé a los 53min, pero iba ayudado por un Mákina, sin mochila y no acababa de terminar con una larga y fuerte gripe.
A ver si para el año que viene estoy en mejores condiciones y no llego tarde, ups! ;)
En el avituallamiento, veo que dan plátanos en vez de barritas y sus pieles llenan los cubos de basura de los alrededores.
En el metro, por poco no salen vivos los Seguridad, ya que casi 28.000 personas quieren usar el metro a la vez y estos esperan ordenes de sus superiores para dejarnos pasar gratis…imaginad la situación!
Tras unos minutos de tensión, por fin abren las puertas y pasamos todo el sudoroso y endorfinado mogollón.
Un rato después, estoy en casa, con una copa de cava en la mano, rodeado de mi familia y aun intentando tragar las uvas.