15 de marzo de 2005

ENTRESEMANA EN LA PEDRA

Cuando se está currando y ves que hace un día de PM, te maldices pensando que podrías aprovecharlo para hacer algo que realmente te llene. Como un simple paseo por la Pedriza, un martes, por ejemplo.

Hoy lo he hecho, aprovechando que no tengo curro, me he pillado el coche, para darme un "paseo" por la pedra sin ningún objetivo en concreto, simplemente andar por andar, buscando, eso sí, tranquilidad y soledad sin más compañía que los animales, plantas y, por su puesto, la roca de la inmensa Pedriza.

La salida de Madrid por la M-605 ha sido muy lenta, pero me regocijaba mirando al resto de coches que iban con conductores malhumorados hacia su trabajo diario, en el peor día de la semana. El martes.

Sí, el martes es el peor día para un currante y explico el porqué.

Los lunes, suelen ser de que resaca, que cansado estoy hoy me lo tomo con calma.
Los miércoles suelen ser los que estas más activo y sólo quedan dos días para el nuevo fin de semana.
Los jueves es para muchos el primer día del finde, si sales por Madrid, verás a mucha gente de marcha con muchos bares y locales llenos.
Los viernes son de, por fin es viernes, lo dejo para el lunes o me lo he cogido libre por que me voy a Pirineos.
Pero los martes? los martes no hay excusa para no currar, aun quedan tres largos días hasta el nuevo finde y jamás te puedes coger un martes libre si el lunes curras.

No sé si por cuestión de destino o por que soy muy malo y me gusta ver a los demás sufrir, yendo al trabajo, el caso es que hoy, a eso de las 9:00, estaba parado en la carretera de Colmenar, mirando a los otros conductores y no pudiendo contener una marcada sonrisa, al verles gritar y pitar efusivamente por que llegaban tarde. Triste vida.

A eso de las 10:00, llegaba al aparcamiento de Canto Cochino sin tener que esperar colas y sin preocuparme de si abajo tendría sitio.

A las 10:30, estaba ya andando camino del puente, pero nada más cruzarlo, veo una marabunta de crios caminar en dirección Oeste, hacia el refugio.

Esta dirección es la que en un principio había pensado tomar, pero buscaba tranquilidad y si me iba a encontrar como en una guardería casi que pasaba.

Cambio de dirección y me voy hacia el Este.

Al llegar a la primera curva que hace el río, me encuentro, al otro lado, con una pared de unos 25 metros. Se trata del Risco de la Foca.






Con los prismáticos, oteo la pared en busca de chapas.
Ahí están.
Está cosido por muchos sitios, pero no adivino la aproximación.
En esa misma curva hay también un bar.
Me acerco a preguntar, pero enseguida me doy cuenta de que está chapado.

Recuerda que es martes.

Un poco más a la derecha del bar, hay un paso para cruzar el caudaloso río.
Enseguida estoy a pie de pared y ahora veo que hay más chapas y reuniones mucho más arriba.
Comienzo a trepar por un lado y veo que parece fácil.
Deduzco que para alcanzar el comienzo de esas vías hay que llegar a una repisa que hay debajo.

De repente sin comerlo ni beberlo, me encuentro en una húmeda placa con los bastones en la mano y con sólo una dirección. Hacia arriba.
¡Vaya movida!




Recojo los bastones y busco donde apoyar los pies, ya que de manos na de na.
Después de un resbalón y alguna maldición (en bajito) estoy en la repisa viendo las vías.

Ya de cerca puedo comprobar que son de artificial en su mayoría con algunos pasos en libre que, seguro superan el 7º.

Me llama la atención una fisura que se hace ciega según se sube, pero que continua teniendo chapas.

Después de una fotos y de soñar con poder hacerlas algún día, toca bajar.

Está claro que por donde he subido no puede ser, así que comienzo buscando un poco más a la derecha, cuando, cual es mi sorpresa que veo una reunión de chapas rojas y más a la derecha otra, con descuelgue de mosquetón.

Parece ser que aquí, se suele subir haciendo un largo (facilito) por la derecha de la pared.

Ahora entiendo el enrriscao en el que me había metido.

Sin más opción decido tirar para la izquierda, con la esperanza de encontrar un camino fácil.

No querías sopa?, pues toma dos tazas.

De fácil nada, me toca subir en chimenea, por dos piedras hasta las orejas de musgo, para luego andar haciendo equilibrios por filos musgosos.


Finalmente y después de algún que otro susto llego a la cima del Risco y bajo por detrás.

Después de esta visita al Risco de la Foca, entiendo por qué es tan poco visitado y conocido.

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